Diario del Huila

Duque, sin legado

Jul 27, 2022

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Por: Melquisedec Torres

Ser presidente de la República en un país con tan alto influjo presidencial es un enorme reto. El mayor es dejar un legado, una historia, un sello que las generaciones futuras leerán en libros. Gaviria y la Constitución del 91, Pastrana y la salvación económica tras el desastre de Samper (y vano intento de paz en el Caguán), Uribe y la seguridad (con gran mancha de “falsos positivos”), Santos y el Acuerdo de La Habana (cualquiera que sea al final el resultado).

En cambio, Iván Duque Márquez se va sin dejar algún sello indeleble. Sí, le tocó bailar con dos muy feas: la pandemia y el violento caos de la protesta social, pero cuando ambas ocurrieron ya había transcurrido el año de aprendizaje o de gabela para mostrar talante. Ausencia de liderazgo fue la constante.

Duque cometió uno de los más graves errores cuando se quiere ser estadista: se puede llevar a los amigos al gobierno, pero no ponerlos a gobernar, excepto si tienen grandes calidades y cualidades. Y terminó rodeándose de amigotes sin mayor peso o experiencia —igual o más baja que la suya— y de ineptos, como el primer mindefensa, Guillermo Botero, o de políticos curtidos a los que uno creía más capaces, como el canciller Holmes (q. e. p. d.) o la del Interior, Nancy Patricia, reemplazada por uno más vacuo, Daniel Palacios, o de inteligentes, pero audazmente inoportunos y cuestionados, como Carrasquilla. O intrascendentes, como una señora Vásquez en Cultura, o de cuotas politiqueras muy costosas —para el gobierno y el país—, como la Abudinen.

También creyó Duque que nombrando a personas o ratificando a otras muy cercanas al santismo o a la izquierda apaciguaría las tormentosas aguas de la oposición. Craso error, mostrar debilidad es la peor señal para enfrentar a un rival.

El gobierno Duque tiene varios y potentes aciertos: manejo de la pandemia con vacunación masiva y liderazgo del ministro Ruiz, recuperación tras el covid y el caos violento, gran infraestructura en marcha, ampliación —excesiva— de subsidios, energías limpias volando, el papel del Dane y su independencia… pero todo ello se desvanece en la percepción pública gracias a esos errores y falta de liderazgo. Gobernar no es contratar obras o enfrentar el día a día. Al final, es más un acto de demostración de fuerza y poder que de hacer.

Como si no bastara, se alejó muy rápido de su principal mentor, Álvaro Uribe. Quienes vociferaron estos cuatro años que Duque era un títere de Uribe se equivocaron siempre. Si algo hizo mal Duque fue alejarse de Uribe, contrariarlo y hacer oídos sordos de sus consejos. Más allá de cuestionamientos, de procesos penales y de errores como presidente dos veces, hacer a un lado a un líder con la experiencia, conocimiento y peso ante el país y Latinoamérica como Uribe le costó muchísimo a Duque. Y puede costarle más al país: Duque se puede atribuir, con mucho, ser responsable en buena parte del ascenso al poder de la extrema izquierda. Quizá ese sea al final su legado

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