Con mucho asombro, los huilenses nos encontramos muy consternados por la caída del árbol que se había convertido en la insignia y en el orgullo de los giganteños y de todos los turistas que transitaban por la destartalada ruta 45, porque buscaban fotografiarse con este hermoso paisaje que nos brindaba la Ceiba. El árbol de la libertad se consideraba así, porque era el símbolo de la libertad. Este árbol emblemático, era un orgullo local y regional y se había convertido en un atractivo turístico. Bajo las sombras de este frondoso, todos los exponentes de la clase política expusieron sus plataformas ideológicas, y se realizaron los lanzamientos de sus candidaturas. Fue testigo de los discursos y planteamientos que les hacían al constituyente primario de esta localidad, que en la mayoría de las veces eran mentiras y menor grado se convertían, en los ideales de los partidos políticos que fueron realidad para el departamento.

Si los restos de este árbol caído por causas naturales en la madrugada del viernes anterior, hablara, escucharíamos los miles de propuestas amorosas que se convirtieron en la construcción de centenares de hogares que actualmente son un ejemplo de la pulcritud y de la pujanza de desarrollo social y económico de Gigante y del departamento. Bajo su sombra se planearon muchas estrategias que impulsaron muchos soñadores, que siempre visualizaron el bienestar general de las familias huilenses.

Igualmente fue el escenario de manifestaciones cívicas, tomas guerrilleras y de protestas sociales. Desde su siembra hace 170 años, fue el espectador de los mayores conflictos sociales, económicos y políticos que se suscitaron en la vida republicana.

Fue el ambiente propicio para que los principales medios de comunicación impresos lo utilizaran como reseña para sus portadas, a través de imágenes, fotografías, pinturas. Inclusive fue referente para las composiciones musicales, poemas, libros y obras de teatro, entre otras, manifestaciones que han hecho parte del reconocimiento que giganteños, huilenses y muchas otras personalidades e instituciones han tributado a este árbol. En 1990, el Ministerio de Comunicaciones y la Administración Postal Nacional, emitió una estampilla en homenaje a la Ceiba de la Libertad.

Este símbolo de la naturaleza reflejaba desde sus orígenes varias versiones que circularon a través de las décadas de su existencia. Pero el relato más frecuente, que se convirtió en el epicentro del imaginario popular, el árbol fue sembrado con ocasión de la declaratoria de la libertad de los esclavos en Colombia.

El declive del árbol habría comenzado en 1978, cuando se le cercenaron raíces para construir un muro. Junto a un Comité Cívico Prodefensa de la Ceiba, la Federación Nacional de Cafeteros asumió su cuidado, al declararla “símbolo universal de la libertad y patrimonio ecológico de la humanidad”.