Juan Carlos Ramón Rueda

La irrupción de seguidores de Donald Trump en el Capitolio parece sacada de una película de ficción. A la hora de escribir estas líneas es impredecible el resultado final de estos hechos, pero evidentemente son consecuencia del autoritarismo que crece a pasos agigantados en todo el mundo. Desde Asia, Europa, África y ahora América, aumentan estas expresiones que socavan los pilares de la democracia y esto, es una muy mala noticia para todos. Lo terrible es que detrás de las noticias y lo que vemos en medios, está la decisión de unos pocos privilegiados que hacen lo que sea para mantenerse en el poder, en contra del resto de la sociedad que clama por cambios en el sistema económico y social; en fin, por un nuevo sistema que reemplace el capitalismo salvaje que nos lleva a todos a la autodestrucción.

Es melancólico y lamentable lo que pasa. Desde niños nos enseñan que todos somos iguales ante la Ley y que la democracia es el mejor sistema de gobierno, mediante el cual cualquiera puede elegir y ser elegido para gobernar y en el que impera la decisión de las mayorías. También nos han enseñado que somos libres y que los seres humanos tenemos derechos como la vida, la salud, la educación, a tener un medio ambiente sano, etc. Hoy sabemos que todo esto es una mentira y simplemente el sistema está organizado para que unos pocos tengan todas las ventajas y la riqueza mientras que la mayoría se empobrece cada vez más. Bien, pues en el mundo moderno cuando gozamos de la más alta tecnología jamás alcanzada y cuando la ciencia puede contribuir para acabar con los grandes males históricos de la humanidad como el hambre, las guerras y la segregación racial, resurgen como una ola cíclica fenómenos de autoritarismo obsesionados con mantener el poder del establecimiento y cerrar el paso a la transformación.

El capitalismo salvaje está destruyendo la sociedad por dentro. Es lo que pasa en EEUU e irremediablemente tendrá que pasar en todas partes, ahora o más tarde. Pero será inevitable que la olla a presión reviente. Mientras los gobiernos y las fuerzas militares no entiendan las dinámicas sociales y sigan sirviendo al poder de los titiriteros, el sistema se corrompe y se autodestruye. Eso mismo pasa en Colombia, por eso, preparémonos para protestas y movilizaciones por toda la región en un escenario de estancamiento económico.