Por: Jorge Eliceo Cabrera Caicedo

El exministro de Finanzas en Venezuela Rodrigo Cabezas Morales (2007), sostiene que la derrota de las elecciones parlamentarias de 2015 fue la que “Provocó la deriva autocrática de la revolución Bolivariana”, para “Quedarse en el poder como fuera y a costa de lo que fuera”. Fue así como se eliminó el estado de derecho. “El totalitarismo puso a sus pies el poder judicial y electoral, a las Fuerzas Armadas y a la Policía política para amenazar, perseguir, hostigar, detener y torturar al liderazgo social y político que les adversaba para así admitirse elecciones absolutamente fraudulentas”. Nos recuerda además cómo el parlamento elegido por el pueblo “Fue cercado inconstitucionalmente, sus diputados acusados, muchos de ellos hechos prisioneros y en el exilio”; fue así como se constituyó la ALIANZA CÍVICO-MILITAR-POLICIAL.

La ONU verificó “Las violaciones flagrantes de los derechos humanos de manera generalizada y sistemática, ejecuciones arbitrarias y tortura que constituyen crímenes de lesa humanidad”. Califica estas como “La ignominia disfrazada de socialismo”. Fue de tal magnitud la violación de los derechos humanos que el propio ministro de Defensa Padrino López, el 7 de junio de 2017 en una arenga pública televisada ante oficiales, dijo: “No quiero ver un guardia nacional cometiendo una atrocidad más en la calle”, luego que más de 120 jóvenes fueron asesinados en las protestas.

El exministro considera igualmente, al desconocerse los principios y valores de la democracia, el gobierno de Maduro se ha convertido en “Un orden social opresivo que persigue y aniquila la libertad”. Critica duramente la censura humillante a los medios de comunicación e información. Reclama un cambio político en democracia de la élite que gobierna a Venezuela, lo cual considera inevitable porque “Un pueblo no puede ser encarcelado para siempre. Estima que el Socialismo siglo XXI fracasó porque prometió una vida digna y terminó imponiendo un sistema de control político denigrante con el carné de la patria, las bolsas de comida y los bonos paliativos.

Finalmente, sostiene que a la autocracia gobernante solo le queda una coartada para intentar justificarse, recurriendo a ella con “Delirante fanatismo”, y es la del antiimperialismo, para tratar de expiar sus responsabilidades en la devastación de la República. Señala que la espantosa crisis macroeconómica y humanitaria comenzó en el año 2014, bajo la plena responsabilidad del gobierno de Nicolás Maduro y las sanciones llegaron cuatro años más tarde. Reclama y pide de los países libres el acompañamiento de las víctimas que esperan justicia en Venezuela. “No hay razón alguna que justifique darle solidaridad automática a una autocracia política que terminó siendo como proyecto socialista, un descomunal fraude”.

La última palabra fue la que tomé como título de esta columna.

Realmente es un escrito interesante, veraz y conmovedor del ex ministro de Finanzas, Economista, profesor de la Universidad del Zulia, Diputado por la izquierda al Congreso Nacional, la Asamblea Nacional y al Parlamento Latinoamericano.

Esta conmovedora historia nos debe convocar a los colombianos a reflexionar si nos merecemos un camino igual al de Venezuela. NO LO CREO.