Majestuosa ceremonia la que nos ofrecieron los japoneses y el Comité Internacional durante la inauguración oficial de los Juegos Olímpicos Tokio 2021. Por la pandemia, hubo que retrasarla un año mientras el mundo enfrenta todavía los efectos del Covid 19 en sus diversas cepas que aún preocupan a la comunidad científica global.

El origen del evento orbital se remonta al año 776 AC en Olimpia Grecia donde se realizó por primera vez, siendo el premio simbólico una corona de olivos. Once siglos después fue suspendido por el emperador Teodisio I por considerarlo un espectáculo pagano. En la era moderna el evento fue concebido por el barón Pierre de Coubertín en 1.894 en la Universidad de la Sorbona en París, bajo el lema más rápido, más alto, más fuerte. Ya no se premia a los ganadores con coronas de olivo si no con medallas de oro, plata y bronce.

Se realiza de manera ininterrumpida cada 4 años, solamente suspendido en las 40 y 44 con ocasión de la segunda guerras.

Cada evento ha logrado congregar mayor cantidad de naciones y atletas participantes, así como la inclusión de diversas disciplinas deportivas; donde los resultados en medallas significan una sana lucha que mide los logros en el esfuerzo de los deportistas y de cada uno de sus países, por el estímulo que dispensan al ejercicio del deporte donde la preparación, la constancia y la disciplina; son los factores que contribuyen a forjar a los atletas de alta competencia.

Pero en los Olímpicos no solamente se compite por ganar medallas y prestigio. Se realizan también para estimular virtudes fundamentales para la humanidad como la tolerancia; la solidaridad; el respeto; la honestidad con el juego limpio; y en esta ocasión, han promovido valores sociales como la inclusión, la diversidad y el compromiso con la bioseguridad por el evidente riesgo de contagios. La novedosa participación de la delegación de atletas refugiados, pretende llamar la atención de la humanidad hacia uno de los dramas que hoy padecen millones de persona; como son, entre otros, el desplazamiento forzado y la migración ocasionados por la violencia, el hambre y la falta de oportunidades.

El fuego olímpico simboliza hoy una luz de esperanza para que ciudadanos y gobernantes; empresarios y trabajadores; naciones ricas y pobres; creencias, razas y estereotipos generados por la modernidad, nos abracemos de manera fraterna superando las diferencias y practicando la convivencia y la paz.

Simboliza también la luz al final del túnel en que la pandemia nos ha colocado, distanciando expresiones afectuosas y nobles sentimientos; convirtiéndonos en seres humanos dominados por la confusión y la incertidumbre; pero donde también nos ha permitido reflexionar acerca de la fragilidad que nos caracteriza y a volver los ojos y la confianza en el Supremo creador del universo.

El ejemplo de los atletas que lucharán por sus medallas o por la satisfacción de competir en franca lid, nos servirá de acicate para no desfallecer en nuestros propósitos de alcanzar los objetivos individuales y colectivos, los cuales deben siempre constituir la razón de ser de nuestra existencia en este caminar de la vida.

COLETILLA. Los neivanos tenemos un reto ineludible. No permitir el anunciado despilfarro de 48 MIL MILLONES de pesos en la reconstrucción del estadio. Debemos exigir uno nuevo en otro sitio más adecuado y que en el actual se construya un gran parque recreativo y de cultura ciudadana.