El hombre programado

El hombre programado

El hombre programado

Por Froilán Casas

Obispo de Neiva

¡Qué sofisma de distracción! Gritamos a todos los vientos el gran progreso de la tecnología y los avances de la ciencia hoy y, el hombre sigue siendo cada día deshumanizado. Los edificios inteligentes, ciudades inteligentes, puro cuento, cada día usted es menos persona: todo son códigos. Usted no es valorado, usted es seriado. Una tecnología que no esté al servicio del hombre, lo castra, lo mutila. Aquí no hay evolución, hay involución. A los nuevos magos y gurús del nuevo conocimiento, se les llena la boca de agua, al enseñar los nuevos caminos de aplicación, afirmando ellos que se agilizan los procesos, haciendo a las empresas más eficientes. Sí y no. ¿A que precio? Han convertido al hombre en un robot. Se perdió todo encuentro personal. Ante su necesidad a usted no le responde una persona, le responde una máquina. Los problemas mentales que está generando esta cultura robotizada son enormes; ya empiezan a llegar las cuentas de cobro por este descalabro. Con los nuevos esquemas tecnológicos, adiós encuentro personal. ¡Qué soledad que está viviendo el hombre! Usted no es persona, usted es un código de barras. Los puestos de trabajo se van reduciendo, generando un terrible desempleo y pobreza. ¿Para qué sirve la innovación tecnológica si hay hambre y miseria? En los llamados edificios inteligentes abundan las máquinas, están ausentes las personas. Se acabaron las oficinas de archivo y correspondencia. ¿Qué soporte tiene usted para exigir respuesta a su solicitud? Esas llamadas línea 800, ¡qué falacia, qué mentira! A través de un sistema algorítmico, llevan al cliente de Herodes a Pilatos y finalmente se queda sin respuesta  su solicitud. ¡Ah, pero la cuenta de cobro mensual, no falla! ¿Dónde está el Estado para defender al ciudadano inerme que paga sus impuestos y trabaja de sol a sol? ¡Qué empresas tan mentirosas y falaces! Para conquistar al cliente, buscan toda clase de estrategias, lo tratan con guante blanco; en cuanto ya lo tienen cautivo, es un código. Los nuevos paradigmas que se están imponiendo son tan inhumanos que le están quitando al hombre la capacidad de pensar. El ser humano por naturaleza es comunicación personal; quitarle esta dimensión al hombre, es matarlo. Ya estos viendo la cantidad de enfermedades mentales que está causando esta sociedad de consumo marcada por la cultura on line = todo en línea, conexión inmediata. Sí, ¿y el encuentro personal? ¡Qué cultura tan deshumanizada! Invito a los nuevos empresarios a romper ese esquema y generar empresas en donde la persona sea el factor indispensable del quehacer laboral. Una empresa que acoja al cliente, se sienta persona, se sienta valorado, reconocido. ¿Qué obtenemos con edificios y ciudades inteligentes y, a la par, la pobreza y la miseria siguen campantes? ¡Pobre hombre, se engaña tan a menudo! Claro, apliquemos la sistematización a nuestros servicios, pero nunca suplantemos al ser humano. Que el cliente sea atendido y valorado, eso sí es humanismo auténtico, es ser verdaderamente cristiano. No olvidemos, el otro, el que viene, es la razón de ser de mi puesto de trabajo. ¡Qué sofisma de distracción! Los índices económicos suelen ser muy altos, pero la miseria campea por doquier.