Por Harold Salamanca

Una de las noticias más importantes y curiosas de la semana, es sin duda que, a partir del lunes 7 de diciembre pasado, el agua, líquido vital en la tierra, comenzó a cotizar en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street, y por ello, en adelante su precio fluctuará tal como sucede con el oro, la plata, el petróleo, el gas natural, el trigo, el azúcar, entre otros.  Esta connotación financiera que se le ha atribuido al uso del líquido vital, es considerada por algunos sectores como un despropósito, por el carácter especulativo que se pudiera generar en tormo al mismo, máxime, cuando estamos hablando del recurso fundamental para la vida humana.

En la mayoría de los países del mundo, los recursos hídricos cuentan con una especial protección por parte de sus ordenamientos jurídicos. A pesar de ello, es posible otorgar derechos de uso a través de concesiones o permisos de uso. En realidad, el proceso de cotización en bolsa que inició esta semana en Wall Street, es el derecho de uso del agua, y no el agua en sí misma.  El mejor ejemplo para entender como opera este proceso, es el siguiente: un agricultor que cultiva en regiones donde se presentan largas y permanentes sequías, puede no requerir agua en determinado momento, pudiendo ceder los derechos de uso a otro agricultor que sí requiera el agua, a cambio de una compensación. En sencillas palabras, lo que ha hecho la bolsa de New York es estandarizar, visibilizar y establecer un mercado formal para que los interesados puedan tranzar estos derechos.  

En mi opinión, la incorporación del agua al mercado de materias primas de la bolsa, se encuentra en manifiesta contravía con la naturaleza e importancia que tiene el agua. Esto en atención, a que se está abriendo la puerta a un negocio que permite el enriquecimiento de algunas particulares, vendiendo un derecho que el Estado les ha otorgado gratis o a muy bajo costo. Tampoco puede perderse de vista, el hecho de que según estadísticas de Naciones Unidas, aproximadamente dos mil  (2.000) millones de personas viven en países con graves problemas de acceso al agua, mientras que en los próximos años, dos tercios del planeta podría experimentar escasez de agua, lo que inexorablemente hará que este recurso sea cada vez más escaso, y por lo tanto más costoso y definitivamente inaccesible para los menos favorecidos.