Por: Amadeo González

Después de haber buscado entender la figura de nuestro insigne escritor J. E. Rivera y de recorrer algunos apuntes de su actividad profesional, de sus oficios u ocupaciones, nos hemos remontado a esos finales del año 1800 e inicios del 1900 y encontramos por la senda de la poesía y de la literatura huilense otros casos que nos llaman la atención y que han dado lugar a muchas disquisiciones entre amigos, sobre el oficio o sobre la actividad a la que han de dedicarse los escritores o cómo en el ejercicio de aquellas pueden sacar tiempo para escribir sus versos, sus cuentos o sus textos literarios. Rivera fue un abogado y ocupó algunos cargos oficiales y en medio de sus actividades, escribió y hoy es reconocido universalmente por su obra.

Y siguiendo en este itinerario, algunos escritores, a pesar de que no tienen profesión u oficio conocido, han incidido en la historia regional y son recordados en cada momento en el que se hace alusión a parte de la historia literaria de nuestro departamento, como son el caso de Rafael Tovar Calderón y del coplero y poeta Régulo Suárez.

Es por ello que hay una referencia que se hace en el Índice Poético del Huila, presentado por David Rivera, quien al ocuparse del escritor huilense Rafael Tovar Calderón, dice: “nace en la pintoresca villa de Altamira, de la antigua provincia del Sur del Gran Tolima el 5 de agosto de 1874”, cuya obra no es muy conocida en nuestro medio, quien recorrió parte del sur del continente, Brasil, Perú, Bolivia, Chile y Ecuador, “siempre escribiendo y cantando, fiel a su entrañables devociones por el periodismo y por las musas, viviendo su vida de señor andante “entre chanza y media” y siembre burla burlando.”

Se advierte a su vez sobre la característica de sus mocedades de bohemia andariega,  su fugaz paso por la docencia como en el Liceo Santa Librada de Neiva, y la riqueza de su “dispersa obra” “descuellan la poesía descriptiva, la simbólica y también la festiva”, aspectos estos que se buscan reencontrar en otros textos y escritores que a ratos nos llaman a pensar cómo ese trasegar por la literatura en cierto momento, genera diversidad de estilos y de sentimientos arraigados en sectores humanos que trascienden el lirismo tradicional y buscan una forma de congraciarse con el otro y encontrarle una sonrisa al dolor y la aflicción, con verso, con poesía.

En este ejercicio del que tangencialmente me ocupo en esta ocasión, no podía pasar por alto la referencia de Régulo Suarez, nacido el 5 de agosto de 1873 en Paicol de quien se dijo “…la boca de Régulo Suárez era arco siempre tenso para soltar la saeta envenenada, su verbo un cascabel de alegría y humorismo siempre en movimiento; hablaba en verso y componía poemas…”

El escritor Jenaro Díaz Jordán, se refirió así a su obra: “Las fuentes de la vida en Régulo Suárez y su formación en la niñez y adolescencia, prenunciaban otro desenvolvimiento del que aconteció… Régulo fue un predestinado de vida ilógica en el cual sorprendemos más de una vez realidades que no debieron existir y lamentamos la ausencia de dones que debieron ser y nunca fueron. (…) Ya se comprende que esta vida vagabunda no era compatible con grandes actividades. Nosotros no le conocimos profesión ni oficio; él no trabajaba, si hemos de dar a este vocablo el sentido corriente. Ni fue agricultor, ni hombre de negocios, ni ejerció profesión alguna, ni desempeño funciones administrativas de ningún linaje. Cuando rendido de sus andanzas hacía una pausa en una hacienda bajo el alero amigo o en la casa del cura, que siempre fue como su propio albergue, daba pruebas inequívocas de que era apto para todo y de que hubiera podido triunfar en donde quiera y cuando le hubiese venido en talante.

Todo este marco de opiniones sobre la obra de Régulo Suárez está enmarcado por su espontaneidad, por la necesidad de burlarse o de congraciarse con la gente en su momento, por la bohemia y como se advierte en gran parte de las referencias que se hacen a su vida, por las fatigas a las que lo llevó el hambre y la necesidad de encontrar abrigo o techo en los momentos de bohemia o de andanzas por sus tierras.