Por Harold Salamanca

Desde tiempo inmemorables, la humanidad se ha preocupado por predecir y pronosticar lo que ocurrirá en el futuro, porque la incertidumbre  genera  en los seres humanos altas dosis de ansiedad. De la adivinación del futuro se han ocupado grandes civilizaciones, sabios, charlatanes, y se han empleado técnicas, que van desde la observación del los astros y las estrellas, hasta la lectura de las cartas del tarot, las runas y la tasa de chocolate.

 

En términos técnicos, existen personas encargadas de  explorar lo que ha estado escondido para la humanidad,  lo que estos arquitectos del futuro o futurólogos llaman inspiración, descubrimiento o su similar en latín, invención. Para estos expertos, existen en el universo patrones, señales, ritmos e indicaciones sobre el futuro, que se pueden leer y ser interpretados, decodificados y leídos en el presente.

 

Para desarrollar el ejercicio de la futurología, normalmente se  utilizan un numero importante de sofisticadas y complejas herramientas para elaborar las predicciones, entre otras: análisis morfológico, modelos de decisiones, análisis de impacto cruzado, etc. Hoy esta en furor entre los futurólogos, un nuevo método denominado “mercado de predicciones”, donde se parte del supuesto de que los mercados están llenos de inteligencia colectiva, que no es otra cosa que un sistema en el que las ideas son compartidas y repetidamente retroalimentadas.

 

Los futurólogos son altamente cuidadosos al hacer públicas  sus lecturas del futuro, normalmente nunca se comprometen  con períodos de tiempo (años), y sus predicciones apuntan a generalidades, como el “crecimiento del uso de dispositivos móviles”,  “la disponibilidad de la información”, “la masificación del uso de la nanotecnología”, se trata entonces de identificar tendencias que marcaran el desarrollo de mercados como los celulares, los computadores, los vehículos, la salud, el deporte, etc. De los detalles se encargarán las personas que diseñaran los dispositivos.

 

Tomando como base las predicciones realizadas por futurólogos y las lecciones aprendidas de la pandemia, me atrevo a pronosticar una década marcada por el afianzamiento del teletrabajo como forma valida y eficiente de realizar las labores desde casa, descongestionado sistemas de transporte y oficinas. De igual forma, a la telemedicina, como herramienta para tener una mayor cobertura y oportunidad en los servicios de salud. Como colofón, vale la pena citar a Albert Einstein uno de los hombres que con sus ideas produjo cambios enormes en la humanidad, quien respondió cuando le preguntaron por el futuro: “Yo nunca pienso en el futuro, llega demasiado pronto”.