La humanidad entera se encuentra a la expectativa de la vacunación masiva contra la Covid-19, que se ha iniciado en las potencias mundiales y que se piensan a irradiar a todos los países del planeta que están siendo afectados por este mortal virus. El anuncio de que una vacuna contra el coronavirus ha sido aprobada por la OMS, para uso de emergencia encendió la luz en el túnel generado por una inédita, prolongada y agobiante pandemia. Pero, a su vez, arreció las discusiones en torno a sus beneficios y limitaciones, sin dejar de lado los intereses de todo tipo que mueven estos biológicos.

Y aunque todos los desarrolladores de vacunas que ya han informado resultados tan prometedores como preliminares de ensayos de fase III, estiman que ellos pueden producir dosis cuantificadas en cientos de millones. Los cálculos más optimistas aseguran que este alcance no cubrirá más de un tercio de la población mundial necesitada a finales del 2021.

Hay que destacar la gestión del gobierno nacional, que ha prometido que las jornadas masivas de vacunación empezarán durante el primer trimestre de la próxima vigencia. Se tiene previsto inicialmente la aplicación de 20 millones de dosis, empezando por el personal de la salud y las personas mayores de 60 años.

Aunque este hecho científico ha caído como un bálsamo en el mundo, el anuncio dado por las farmacéuticas Pfizer y BioNTech, Moderna, Johnson, entre otras, que basándose en resultados preliminares de sus estudios de fase III no solo dan cuenta de que su vacuna contra el nuevo coronavirus funciona en nueve de cada 10 casos, cuyos trámites han logrado ser aprobadas por las autoridades sanitarias para atender esta emergencia.

 

Estamos en el camino correcto. No sobra insistir en la posibilidad de que este tipo de trabajos también permiten explorar capacidades nacionales que vayan más allá de la participación en los estudios clínicos. Formar parte de alguno de los múltiples pasos de la cadena de producción y distribución de estos productos no solo pondría al país en las fotos de la historia, sino que aportaría elementos de preparación para situaciones similares que puedan venir.

 

Consideramos que estas vacunas contra este mortal virus, debe clasificarse dentro de la estructura jurídica del país, como un bien público y humanitario. Se buscar la supervivencia de la especie humana.  Hay que redoblar esfuerzos para que todas las personas se protejan ante los contagios como si fuera el primer momento, así la vacuna sea una realidad. El problema está a lejos de soluciones.