Es de insistir en el Cap. VII, en el cual ha señalado el Papa camino concreto a tomar para vivir sus precedentes enseñanzas, emprendiendo “Caminos de reencuentro” que lleven a cicatrizar heridas y dedicarnos todos a ser “artesanos de la paz”. 

Por Mons. Libardo Ramírez Gómez* 
*Obispo Emérito de Garzón 

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Para quienes han venido siguiendo mi acercamiento a la encíclica “Fratelli Tutti”, estimó conveniente esta tercera parte para dar un contenido no tan recortado de ella, que es una mina de ideas constructivas para la humanidad. Es de insistir en el Cap. VII, en el cual ha señalado el Papa camino concreto a tomar para vivir sus precedentes enseñanzas, emprendiendo “Caminos de reencuentro” que lleven a cicatrizar heridas y dedicarnos todos a ser “artesanos de la paz”. 

Recomienda, enseguida, algo fundamental, si queremos avanzar por senda segura como es “recomenzar desde la verdad”. Importante aprovechar el dolor y los inútiles ciegos enfrentamientos, que nos hayamos dejado transformar con el propósito de actitudes nuevas, hacía necesaria reconciliación reconociendo la verdad de las propias turbias acciones y equivocaciones, y los aportes positivos de los adversarios. Es que “solo desde la verdad histórica de los hechos se podrán hacer esfuerzos perseverantes”, y llegando, con entendimientos trazados fraternalmente, a “nuevas síntesis para el bien de todos”, pues: “la verdad es compañera inseparable de la justicia y la misericordia” (n.n. 225-227). 

Concreta tarea para llegar al propósito general de la encíclica es llevar a vivir todos como hermanos, seguir empeñados todos en “la arquitectura y la artesanía de la paz”, asumiendo compromisos comunes como propios, con diálogos y negociaciones en ambiente de generosidad. Para salir adelante, en algo concreto y en grande, se han de asumir verdades como éstas: la paz no es solo ausencia de guerra sino compromiso constructivo incansable; es preciso ser comprensivos de los motivos de discordia para darnos sincero y mutuo perdón en medio de inevitables conflictos, aceptando que los capaces de reconciliación no son los débiles sino los valientes, que no disimulan las injusticias sino que se tiene el coraje de condenarlas, estén donde estén, y enfrentar solidaria superación de ellas, con valiente ánimo fraterno (n.n.232…243). 

Numerosos los temas sobre los que da luces el Papa Francisco en los numerales siguientes (244-270): no esconder los conflictos sino afrontarlos y no proponerse un sincretismo evolvente sino aprovechamiento de las diferencias; no se puede imponer que se borre la memoria, sino que, aun estando viva, se avance con mutuos gestos de generosidad a un vivir de hermanos (n.249); rechazar “la injusticia de la guerra” (nn. 256-262); tener “total oposición a la pena de muerte” (n. 263-276). 

Como aspecto de gran importancia sobre el vital tema de la “fraternidad de todos”, señala el Papa el aporte confortante de las Religiones (Cap. VIII), minusvalorado y hasta atacado por algunos, pero aceptado y reconocido por tantos grandes pensadores de la humanidad. Firme su afirmación y llamado a vivir lo expuesto en la Cíclica es que las religiones “ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para defensa de la justicia en la sociedad” (n.271).  

Queda así este resumen de magnifico tejido de ideas, que convocan a unidad de corazones, unidos en fraternidad extendida a todo humano viviente, pues somos “Fratelli Tutti”.