Por: Amadeo González Triviño

El arte y el reconocimiento de los artistas, son manifestaciones que se van dando y se van presentando cuando observamos con detenimiento a los seres en sus obras, en sus escritos y en su afán por romper la monotonía del mundo que los rodea y que deciden embellecer las formas, los silencios, las soledades y sobre toda la imaginación que ronda y se colma de ideas y de pensamientos, siempre en búsqueda por reafirmar la divinidad que llevamos dentro, porque somos seres capaces de crear los mundos de los sueños, de las ilusiones y del más allá de la eternidad, de crear dioses y postrarnos de rodillas ante ellos, el hombre siempre el hombre es el imán invisible de la superioridad de todas las cosas, que en ciertos momentos se niega a sí mismo y como en el amor, tiene la necesidad de transformar toda su creación y su vida en torno al ser enamorado o al ser superior que crea para guiarse y tener un proyecto de vida, una ilusión o una esperanza.

Tras observar un punto fijo en el transitar por nuestra ruta hacia el apartamento, se nos iba quedando fija una imagen de cuadros y pinturas que se colocaban, sin propósito de exponerlas, en un espacio de una residencia vecina, mi hija me hizo la advertencia en alguna ocasión del significado y el simbolismo de uno de sus cuadros y luego de acercarme con el propietario de la vivienda, pude saber y conocer que en ese lugar, habitaba un artista, Germán Salcedo Fragua, a quien había conocido como un comerciante, finquero y trabajador del campo, que como profesional universitario luego de muchas experiencias en su vida, había decidido dedicarse por completo a desentrañar el mundo de la pintura y vivir para el arte.

Luego de reconocer su trabajo y su familiaridad que nos transporta conjuntamente al municipio de Guadalupe (H.), tierra compartida de nuestros ancestros y tras invitarlo a hacer parte de una exposición patrocinada por las Jornadas Culturales CUATROTABLAS, que se da cita en el pueblo, provincia o pequeña ínsula de la existencia cultural, denominada Garzón, a decir de algunos compositores que es una tierra circundada por leyendas y por el desinterés y las afujías de sus habitantes encerrados en una clerecía religiosa y conservadora, aceptó acompañarnos y cuál no sería la sorpresa, cuando a partir de una serie de obras de arte, pudimos congraciarnos con esta obra pictórica que nada tiene que envidiarle a los grandes maestros y que hace parte de nuestro patrimonio, de nuestra realidad por lo que le auguramos muchos éxitos y que algún día, la sociedad le reconozca su trabajo y su dedicación, como lo ha hecho con otros grandes representantes de las artes plásticas de nuestra región.

Luego de indagar por la razón de ser de este nuevo oficio, pudimos conocer que en el periodo escolar y universitario se distinguió por el trabajo a lápiz y la forma como fue dejándose cautivar por ser un retratista fiel de la imagen y de las expresiones del ser humano. Y hace tres años, después de saborear las sinsabores de lo cotidiano del profesional y del obrero, decidió un día, contra los cánones propios de la vida, dedicarse a la pintura, al pincel, a la paleta, a las acuarelas y realmente buscando conservar esa tradición retratista y de combinación de colores, dándole sinfonía a la luz y magia a sus trazos, ha logrado un punto que lo va acercando cada día más, a la genialidad, a ese mundo imprevisible de la transformación radical de la imagen en sueños y en estrategias que nos acerquen poco a poco, a la realización de los imposibles, a la consumación de los sueños y de las alegorías de la vida, que se dan cita en imágenes que han de perdurar por siempre.

Su labor autodidacta, su empirismo y su deseo por transformar el mundo que lo rodea, nos unen en esta ocasión, para que al unísono convoquemos a los jóvenes escritores, artistas y todos aquellos que conociendo y descubriendo las formas de hacer arte, llevan en sus adentros, en sus venas, un aliciente de ilusiones y de fantasías que deben plasmarse en obras que trasciendan la belleza y la cotidianidad del mundo que nos ha esclavizado en esta sociedad del consumo y de la indiferencia como la que nos rodea y nos avasalla a cada instante.

Gracias German Salcedo por su obra.