Heriberto Carrera Valencia, murió y los antiguos amigos de sus épocas de resplandor en la academia, las artes, la política, el derecho y la bohemia, ya no aparecieron, mucho menos asistieron a su entierro.

Por su registro de defunción murió por una insuficiencia respiratoria, pero no padecía de Covid 19, ni de alguna otra enfermedad infectocontagiosa que causara prevención si se le acercaban y por esta razón, es molesto decirlo, no se justifica la ausencia en su sepelio, al que no concurrieron quienes debían estar, pese a que durante su vida pública fue formador de nuevas generaciones.  

Heriberto ya era octogenario y le había entregado todo su amor al Huila y a las instituciones de carácter cívico en las cuales participaba con entusiasmo. Comenzó su vida pública muy joven como juez en Palermo. De manera simultánea fue presidente del Colegio Parroquial San Juan Bosco, inclusive la primera promoción de bachilleres de esa institución, hoy flamante Colegio Nacional San Juan Bosco, lleva orgullosamente su nombre.   

Sin embargo, sus últimos años se los entregó a la Corporación Universitaria del Huila, Corhuila, en donde recibió como estipendio la ingratitud de algunos socios que buscaban apoderarse del manejo de la Institución.    

Contrajo nupcias con Cecilia Quintero.

Sufrió los rigores del olvido de sus amigos y de las instituciones a las cuales había servido más toda su vida, pero no se quejaba y hablaba sin dolor y sin una mueca de rencor hacia nadie.   

Aunque fue un caballero, honrado y un trabajador incansable del derecho, el periodismo y la educación y se sintió la tristeza y se le notaba bastante haberse quedado sin su familia nuclear.  

Es un reclamo justo, olvidados, alterados e infortunados fueron sus últimos años, tanto, que su muerte pasó inadvertida, porque murió pobre, y en su sepultura estuvo acompañado solo por unas 20 personas, entre seres queridos y amigos.   

La ingratitud, el egoísmo y la envidia son señales causantes de muchos de los males y sufrimientos que les hacen la vida irresistible a muchas personas, inclusive son factores generadores de violencia.  

Heriberto Carrera Valencia, destacado abogado, periodista, columnista de DIARIO DEL HUILA, La Nación, Tribuna del Sur y otras publicaciones por muchos años, educador, líder conservador, hasta fue suplente, para el Senado de la República de la exministra Olga Duque de Ospina.    

Al fallecer ni los socios del Círculo de Periodistas del Huila, CPH, la propia entidad a la que perteneció durante más de 30 años, y la que le redactó sus actuales estatutos, se ofrecieron para que su cadáver fuera sepultado en el mausoleo del Cementerio Central, como debió ser.  

Periodistas y amigos.

Inclusive, ni la Corporación Universitaria del Huila, Corhuila, en donde sirvió con decoro y le aportó sus recursos económicos, intelectuales y cívicos, tampoco demostró el ánimo de asistir y su delegación a las honras fúnebres se circunscribe al celador Obirne Claros, quién, sí sacó el tiempo y llegó por su propia cuenta a acompañar al amigo, a su última morada.        

Así fue el triste y sombrío funeral, del ciudadano insigne, autor de 15 libros, y textos de estudio, condecorado en muchas oportunidades por sus servicios prestados a la sociedad, cuando aún estaba en el fulgor de su vida pública.   

Carrera se fue tan solo, así como vivió sus últimos años, luego de una fructífera vida dedicada a la cátedra, y a la mismísima ingrata actividad política a través de su Partido Conservador.   

El doctor Carrera Valencia, nació en Palermo, Huila, 80 años atrás, el 8 agosto de 1940, hijo de don Lorenzo Carrera Trujillo y Carmen Tulia Valencia, quienes, junto con sus dos hermanas, las abogadas Consuelo y Sonia, fallecieron en menos de tres años todos, y como no había tenido hijos, por esa razón quedó solo.  

“Heri”, como le decían sus más cercanos amigos, era jocoso y le sacaba gusto a la vida, pese a la injusticia social. Fue concejal y presidente del Concejo de Neiva año 88, y del Concejo de Palermo, su tierra natal, casi 20 años presidente del Consejo Superior de la Corhuila, entidad que recibió su apoyo desde cuando daba sus primeros pasos como una incipiente institución de educación superior para llegar a la grande corporación que es hoy.

Félix Manrique, Jorge Parga y Miguel Perdomo. 

El ex rector Virgilio Barrera, asegura que Heriberto Carrera, hizo la primera donación para crear Corhuila, aportó de su oficina su escritorio, las cortinas, archivadores, muebles, regaló libros, puertas para divisiones de salones, inclusive, ladrillos para reparar y acondicionar un local que les cedieron para que funcionara Corhuila, porque no tenían recursos.   

Fue asesor jurídico y catedrático ad honoren en los primeros años de la universidad. Virgilio y Carrera, iniciaron en la Corhuila con dos carreras y la entregaron con 10, con 3 especializaciones y 20 diplomados, todos con registro calificado, además, cinco edificios propios, dos fincas y más de 25 mil millones en los bancos y en el Fondo de Desarrollo de la Educación Superior de Colombia, junto con un plan de acción para los próximos cinco años que desbarataron sus sucesores. 

¿Y cómo les pagaron?, expulsándolos, repudiándolos y borrándolos como socios cuando estalló el escándalo propiciado por el ex gobernador Jaime Salazar y el ex magistrado Cristóbal Cuellar, ellos los pusieron en la picota publica y acusaron ante la fiscalía a Virgilio de robarse 7 mil millones de pesos, de la universidad.   

Unieron voluntades Salazar y Cuéllar, quienes, sin garantizarse el debido proceso, declararon la expulsión y la cancelación de la calidad de socios de la Corhuila a Julio César Morales, Heriberto Carrera Valencia y a Virgilio Barrera Castro, antes de terminar el proceso.   

Para Virgilio, Carrera y muchos otros, la motivación de su salida fue falsa y tenía una meta: apoderarse del manejo de la universidad, porque nunca se demostró que Virgilio Barrera o Carrera se hubieran robado un peso, la Fiscalía, más tarde exoneró de los cargos a Virgilio y lo único demostrable hoy es que Salazar, siendo del Consejo Superior, más tarde presidente, contrató todas las obras grandes que había hecho la universidad, y se ponía bravo si no se las contrabatan a él.  

Salazar nunca vio su propio impedimento moral, pero si notaba la viga en el ojo ajeno y eso motivó para que nunca más volviera a ser elegido miembro del Consejo Superior de Corhuila, mucho menos presidente. Junto con sus amigos dejaron sin plata a la universidad, hoy con dificultades y afrontando dispendiosos procesos jurídicos que podrían costarle centenares de millones, por las injustas decisiones.   

Heriberto Carrera hace unos años, una vez perdió a toda su familia se casó con Cecilia Quintero, funcionaria de la rama judicial y luego se separaron. Sin embargo, después de algún tiempo de alejados Cecilia supo de su situación y en un gesto solidario de pareja se reconcilió y lo llevó de nuevo a vivir en su casa de Neiva, en donde dejo de existir, recibiendo sus cuidados y su protección. Cecilia, sus primos Luis Aurelio y José Joaquín Carrera Mejía y algunos amigos le dieron cristiana sepultura, pero no fueron todos como hubiera querido.  Paz en su tumba.