Desde que las empresas farmacéuticas anunciaron a la sociedad mundial, la creación de las vacunas para prevenir el Covid-19, se empezó a generar una leve esperanza para disminuir la propagación de esta pandemia que tiene azotado el bienestar general de la humanidad. Desafortunadamente la competencia de los países desarrollados por adquirir las vacunas está generando una competencia desleal para que las naciones pobres tengan dificultades para comprarlas. Su distribución ha sido inequitativa. En el caso colombiano, la ilusión que trajo la presentación de la estrategia de vacunación contra el covid-19 a mediados de diciembre por el gobierno nacional, poco a poco se ha ido transformando en ansiedad.

El panorama es incierto en el corto plazo. Se ha venido aplazando los periodos de llegada de las vacunas al país. Se ha venido preparando la logística sanitaria, para iniciar este proceso masivo de vacunación, una vez lleguen al país. El contexto, está claro, no es fácil. Es una situación tan crítica como inédita en la que los laboratorios tienen la sartén por el mango. Es verdad que la difícil posición de Colombia en las primeras instancias de la negociación, cuando no podía aportar ni procesos técnicos ni plata contante y sonante debido a restricciones legales, hoy pasa factura.

Estamos al borde, entonces, de un cambio de paradigma en la lucha contra la pandemia. Por eso tenemos que hablar de cómo el temor, la desinformación y los algoritmos de internet nos pueden jugar una mala pasada. Tal situación no es óbice, para que continuemos acatando estrictamente los protocolos de bioseguridad.

Debemos ser optimistas. Es importante seguir protegiéndonos con las recomendaciones que diariamente nos brindan las autoridades sanitarias. Debemos seguir evitando el sufrimiento de las demás personas, para evitar el colapso de los hospitales. Esperamos que lleguen pronto estas dosis de vacunas, para que se empiece un programa masivo de vacunación en nuestro país.

Lo que, si es cierto, es este tema de las vacunas, se ha convertido en el mejor negocio de las empresas multinacionales farmacéuticas, reflejando importantes réditos en las acciones en las bolsas de valores, donde cada vez se cotizan a niveles altos. Muchos expertos consideran que esta crisis sanitaria, se ha convertido en la tercera guerra mundial, donde han fallecido millones de personas y se ha presentado una disminución en su dinámica productiva. Esta guerra es biológica. Un bicho invisible, creado en laboratorios, está generando este caos sanitario, que sigue amenazando la supervivencia del mundo.

Por tal motivo, se requiere pensar en el bienestar de todos los colombianos y no con estridencia y ligereza electoral. Hay que reiterar que estamos ante un bien sanitario y no, como algunos pretenden, ante un botín político.