En medio del peor flagelo sanitario que está presentando el país, durante el presente el siglo, provocado por la pandemia de la Covid-19, se ha reflejado otro fenómeno considerado peor, para el bienestar de la sociedad colombiana, que es el aumento de la pobreza. Desde el momento mismo en que fue claro que el país iba a tener que enfrentar una pandemia se dio inicio al debate sobre qué senda transitar para evitar, tanto como fuera posible, que el esfuerzo por salvar vidas con las necesarias medidas sanitarias tuviera un costo de gran magnitud en este mismo aspecto, pero por las consecuencias de estas acciones y en particular por el aislamiento obligatorio en que sometido durante cerca de seis meses.

Las cifras emanadas en la última semana de acuerdo con la encuesta social realizada por el Departamento Nacional de Estadísticas (Dane), expresa que el 87,2% de las familias neivanas, en el trimestre septiembre-noviembre de la presente vigencia peor y mucho peor, frente a la vivida en el mismo período de 2019.

Igualmente, el Huila, se ubicó en la región central, con 51,2 %, representando un promedio mínimo de $291.104 mensuales. El año pasado la línea nacional de pobreza monetaria se ubicó en 327.674 pesos, mientras que en el 2018 fue de $316.815.

Ahora con la pandemia la situación ha empeorado. Colombia no se salvará de esta debacle. Un reciente estudio de Fedesarrollo calcula en una década el retroceso en avances sociales que la pandemia le infligirá a la sociedad. La disparada de estos puntos porcentuales en la tasa de pobreza devolverá al país a niveles registrados en 2010. Las perspectivas del empleo no son buenas. Con tasas de más del 15% de desocupación, es urgente el despliegue de medidas de choque para crear puestos de trabajo.

Recordemos que la línea de la pobreza en Colombia es el costo per-cápita mínimo de una canasta básica de bienes y servicios en un determinado territorio determinado. El desempeño mediocre de su economía y el aumento del desempleo, se volvieron factores detonantes para que se presentara esta situación, que confirma la percepción ciudadana que se tenía anteriormente. El aumento de los cinturones de miseria en las ciudades del país, aumento de los niveles de inseguridad, incremento del sector informal, son entre otros, la mayor preocupación que presentan las autoridades locales y departamentales.

El país sigue transitando la ruta de combinar la reanudación de la mayoría de las actividades económicas con el control del comportamiento de la pandemia. Este es un equilibrio delicado que, hasta el momento, ha generado un saldo positivo en la recuperación lenta de la dinámica productiva del país.