Diario del Huila

Instalación del nuevo Congreso

Jul 23, 2022

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Ernesto Cardoso Camacho

Lo que pudimos presenciar durante la instalación del nuevo congreso permite realizar diversas reflexiones.

La principal es que sin duda las nuevas mayorías relativas obtenidas por el Pacto Histórico y sus movimientos afines, pudieron acercar a otros partidos y sectores políticos, para construir así un acuerdo que garantizó la elección de dignatarios en las presidencias de las dos cámaras y se extenderá a las de las respectivas comisiones. Tal acuerdo hace parte de la gobernabilidad que está construyendo el presidente, la que seguramente ya no llamarán mermelada, si no acuerdo para lo fundamental.

En las democracias en crisis, hecho que es una triste realidad contemporánea, la gobernabilidad se construye otorgando posiciones burocráticas de alto nivel, es decir, con representación política de los partidos de gobierno en las consejerías presidenciales, ministerios, departamentos administrativos y sociedades de economía mixta o institutos descentralizados que son las entidades públicas a las que están adscritas o vinculadas las demás estructuras burocráticas.

Este esquema de gobierno no tiene nada de reprochable, siempre y cuando; a dichas posiciones lleguen personas con representatividad política, experiencia, honestidad, y compromiso con las políticas del gobernante, pero sin olvidar que lo fundamental esta en los auténticos intereses nacionales; los que siempre deberán estar más a tono con los de la sociedad colombiana que con que con el partido, o movimiento que representa y aún con los del propio gobierno al que pertenezcan.

Para que tal esquema democrático y de representación política funcione eficazmente en favor de la nación; es indispensable que exista claridad en que unos partidos gobiernan y otros ejercen la oposición. En el presente caso, en el nuevo gobierno; ya se ha planteado el esquema de gobierno-oposición, con otros partidos que, declarados como independientes, anuncian apoyar los proyectos legislativos que impulse el gobierno y que consideren benéficos para los colombianos.

Mirado así el panorama, es claro que el comienzo es halagador. Sin embargo, queda por verse el otro factor decisivo para que la dicha sea completa. Me refiero a la representación política en el alto gobierno.

En este aspecto que es vital para que el esquema sea real y eficiente, el presidente ha sido cauteloso. Seguramente está valorando la importancia de tal decisión.

Por una parte, porque no es posible pensar que nuestros partidos tradicionales, acostumbrados a ejercer su ejercicio vital desde el gobierno; los apoyos en el congreso los ofrezcan de manera patriótica y desinteresada, cuando todos sabemos que han sobrevivido sostenidos por el clientelismo burocrático.

Por otra parte, porque tal decisión tiene ciertas complejidades. La principal de ellas, es que la opinión ciudadana en general y especialmente sus electores, perciban que, en el gobierno del cambio; la representación política se mire como más de lo mismo y con ello se debilite el entusiasmo popular que ha despertado su elección. Aquí tiene el presidente Petro un verdadero dilema por resolver. Sobre todo, porque ha sido claro y enfático en que las principales reformas legislativas dirigidas a cumplir sus promesas de cambio, deberán salir aprobadas por el congreso en el primer año de su mandato, a sabiendas de que puede estar sometido al chantaje de las mayorías, de las cuales esos partidos históricos suman cerca del 55%. Su extensa experiencia parlamentaria le ha permitido conocer cómo funcionan tales partidos.

Ahora bien. El bochornoso espectáculo presenciado durante la instalación del congreso, es un buen reflejo de que los antiguos opositores del régimen que ahora son gobierno, pero que representan cerca del 45% de sus componentes; han llegado con ímpetus de cierta beligerancia y hostilidad que dificultaría los acuerdos en el trámite legislativo.

En este aspecto, fue sin duda un grave error estratégico el que fuera designado como vocero de la oposición el senador Lozada, para ejercer el derecho constitucional de réplica al discurso de Duque; pues generó un mal sabor innecesario; en cuanto que quedó la sensación de que será la voz cantante polarizadora y provocativa. Ojalá la experiencia y habilidad del presidente Roy Barreras no permita que se desmadre el ejercicio legislativo, para bien del gobierno y de la maltrecha imagen del congreso. Ya veremos.

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