Por: Gerardo Aldana García

Nadie ve el aire, y de él vivimos. No se puede ver el rostro del amor, más bajo su amparo la vida sonríe. La ciudad no puede pintar los códigos de la fibra óptica; sin embargo, estos generan los infinitos sonidos de las voces de millares de humanos que se cuentan todo, también lo inconfesable.  Así parecen ser el arte y la cultura en el Huila. Es una energía tan poderosa que ha legado al pueblo opita, el ser que lo marca, que lo mueve. Qué tierra más rica es esta, en expresiones vivas de literatura, música, artesanía, danza, pintura, escultura, cine, fotográfia, etc.

Pero resulta irónico que no las veamos, es difícil ver en escena a sus creadores a cada instante, a excepción de aquellos momentos de fiestas patronales, ferias o festivales que se dan en la agenda anual de la región. No se ven; no porque no existan. No se escuchan; no porque no suenen. No se bailan sanjuaneros y rajaleñas; no porque no haya compositores. No hay lecturas en los parques; no por ausencia de escritores. Y no hay ópera, jazz o zarzuela; no porque no tengamos tenores, sopranos, saxofonistas o maestros en arte escénico. De todo esto hay en el Huila. Ciertamente, lo que no hay son los medios que hagan posible la visibilidad de estos creadores. Cómo queremos que un niño baile un pasillo o una guabina, si nunca la escucha por la radio. ¿Acaso pueden hacerse niñas bailarinas cuyos suaves pasos y modales rítmicos dancen sanjuanero, si las redes sociales las avasallan con ritmos modernos y foráneos?

La cultura y el arte deben ser respirados por un pueblo y para ello la aparición de instrumentos tecnológicos que cada día hacen más global a la localidad, debe ser aprovechada por instituciones, cultores y lógicamente por los medios de comunicación que perviven en la región, incluso contra viento y marea, pues es un secreto a voces que la comunicación tradicional está tristemente condenada a la desaparición. Qué bien le haría al Huila el nacimiento de un espacio permanente de comunicación dedicado a la cultura y el arte; una célula vital que se hermane con la Emisora Cultural, las emisoras comunitarias, la agencia cultural del Banco de la República, las entidades de cultura, y sea capaz de generar para la región una agenda diaria, nutrida por paneles, conversatorios, programación musical, entrevistas, reportajes, mesas técnicas, concursos, recitales, conciertos, etc, en una rica apuesta por la divulgación de lo que hoy el mundo suele llamar Economía Naranja y que pese a ser política del gobierno nacional, aún no se instrumentaliza para impulsar efectivamente a los creadores.

Tengo fe en que esto es posible y celebro la esperanza en que un medio regional de comunicación, con apoyo de gobiernos y empresas privadas, pueda alzarse con este reto y llevar de la mano a las expresiones culturales huilenses, que, no obstante, palpitan con vigor, aguardan ansiosas el momento de ponerse en escena.