Hace ocho días Jesús alertaba a sus discípulos sobre el peligro para entrar en el reino a quienes ponen su confianza en el dinero, corno el joven rico que le volvió las espaldas al Señor.

Hoy en este XXIX Domingo del tiempo ordinario ante la solicitud imprudente de dos de sus discípulos toca una terna que debe ser consigna para todos los cristianos que quieran seguir por el estrecho camino del Siervo de Isaías: la autoridad como servicio.

Jesucristo siempre enseñaba lo que estaba viviendo, por eso la gente le creía, porque en Él no había apariencias, ni posturas ficticias, ni propuestas no alcanzables.

Tres fueron los discípulos líderes en el grupo: Pedro, Santiago y Juan. Estos dos últimos, hermanos entre sí, llamados los “hijos del trueno” protagonizaron el episodio del Evangelio de hoy: “Maestro queremos pedirte algo: que cuando Tú estés en tu trono, nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

Propuesta desde todo punto de vista, atrevida, poco cortés y muy interesada, que disgustó no solamente su jefe, sino al resto de compañeros por ser una actitud desleal hacia el grupo, el adelantarse para pedir los primeros puestos Cuando hay ambición, lagartería y privilegios no merecidos, surge el resentimiento y la división en los grupos, cualquiera que sea su condición.-

Jesús no andaba en campaña política, ni ofreciendo puestos ni favores; todo lo contrario siempre fue muy claro en su misión: “beber el cáliz del dolor y bajar en un bautismo de kenosis, o de aniquilamiento total por los demás”.

Increíble pero cierto, que después de tres anuncios de su pasión, en el trío de sus elegidos todavía hubiera esta clase de propuestas de mando, de estar a la sombra del trono en las principales carteras: de Gobierno y de Hacienda.

Seguir a Cristo es compartir la cruz, bajar y ponerse al nivel del último, porque solamente en esa actitud de “pobre” se puede ganar el Reino de Dios.

Jesús distingue dos formas de ejercer la autoridad: una es la común entre los gobernantes que hacen sentir a sus súbditos todo el peso de la autoridad, se sienten dueños de la comunidad, disponen de todo sin consulta alguna y toma las decisiones como si los demás no existieran. La comunidad entonces sólo tiene el derecho de ejecutar órdenes. La otra es totalmente contraria, inclusive opuesta y es la directiva a seguir: “Pero entre vosotros no debe suceder así: “El que quiera ser grande debe ser servidor de todos, y el que quiera ser el primero que se ponga esclavo de todos” -Es decir, quien esté a la cabeza de una comunidad tiene que ser el más humilde, el más dado a los demás, el más generoso y el más olvidado de sí mismo- Este mensaje no se refiere solamente a obispos, sacerdotes y superiores religiosos. Crea un espíritu y una actitud para poder seguir a Jesús, que vino a servir y no a ser servido ni a imponerse a nadie.

También vale en este tiempo para los aspirantes a puestos públicos que en las campañas son “todo dulzura y todo primor”, pero que después no conocen a nadie. Ojo con aquellos que apoyan pero a cambio de futuras prebendas y contratos.

Cuando uno sirve con amor no exige nada, ni reclama algo, porque le basta que el Único que es grande e importante lo haya llamado a su servicio.

Nunca identifiquemos el servicio religioso con el mando político, porque el Señor lo prohíbe. Ya sabemos entonces dónde está la importancia según la Palabra de Dios