La expresión obsesión, proviene del término latino obsessĭo que significa asedio. Se dice que se trata de una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia asalta la mente.

Como podemos observar es una “perturbación anímica”, es decir, alteración o trastorno de las facultades mentales.

Definitivamente la obsesión antimilitarista, propia de la extrema izquierda radical, de primera y siguientes líneas, como se dice ahora, viven en un mundo generado por esas perturbaciones mentales, no propiamente del realismo mágico, sino del irrealismo mágicamente absurdo, pretendiendo a toda hora, invertir los términos de referencia de toda organización social, que incluye al Estado, como rector de ella.

Dicho en otras palabras, el absurdo como rector y guía, no de una organización, sino de la organización del desorden social, político y económico.

En eso consiste la inversión no solamente de la realidad, sino de las posibilidades y opciones viables; es una lucha contra todo concepto de organización, porque ideológicamente se fundamenta en el fracaso y, en la miseria de la sociedad, para que, partiendo de las crisis generadas, infunden idealismos mágicos de irracionalidad a la población y, hábilmente se les mantiene en esa concepción, de que algún día caerá el maná prometido.

Falsa ilusión, poco exquisita, por cierto. Es la lógica de la irrealidad, si es que la irrealidad tiene lógica, pero si es la lógica del fracaso, del aniquilamiento de la condición humana, de la dignidad misma, para obtener réditos personales y enriquecerse a costa de esa anestesia mental a la que someten a los nuevos súbditos.

Es la corresponsabilidad de esa perturbación mental dirigencial, a la anestesia mental, a la que someten a la sociedad.

Todo basado en el fracaso, inyectando odio como nutriente, culpando a la organización existente, a los demás, de sus propios fracasos, propio de esa inversión de la verdad.

Ya incluso, en las diferentes redes sociales se insinúa como parte del pensum académico de la psiquiatría, el reconocimiento y tratamiento de esa obsesión, y perturbación mental como una verdadera patología, llamada por los altos índices de presencia social, como la generadora de los grandes desequilibrios sociales.

No es propiamente mi especialidad profundizar sobre el tema, simplemente plantearlo, enfermedad cuyo tratamiento psicosocial, corresponde a otras disciplinas intelectuales, pero es importante ser evaluada, para contribuir al saneamiento de nuestra sociedad, de esos, como decía un analista “subnormales humanos” que invitan al fracaso, como parte de una devoción irracional, como solución a los grandes conflictos sociales, cuando de lo que se trata es de agravarlos, generando crisis basada en el odio social.