Por: Winston Morales Chavarro 

Con los medios de comunicación en Colombia sucede lo mismo que con aquel pececillo que está atrapado en una pecera desde tiempos inmemoriales: el pez cree que esa es su realidad. El agua, la pecera, la boca de la pecera, el diminuto paisaje que logra avizorar a través de los cristales es su realidad, su asfixiante y acuosa realidad.

Una pantalla de televisor se asemeja a la pecera; pero los peces, el paisaje, los crustáceos que hablan detrás de los vitrales de las cámaras de televisión (fabricando una realidad), son conscientes de lo que hacen con los desprevenidos espectadores (aquellos observadores pasivos que están al otro lado de la pecera-pantalla).

Hace años le pregunté a una periodista —jurado en ese momento del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar— por qué los medios de comunicación en Colombia eran tan monotemáticos. Y ella, sin ningún atisbo de vergüenza, respondió: “Porque la realidad del país es monotemática”. Ríase, amigo (a), ya sé lo que está pensando. ¿Usted cree que la realidad del país es monotemática? ¿Esto no desbarataría de un tajo el principio de incertidumbre de Werner Heisenberg? Según Werner Heisenberg, cada uno introduce una variable de indeterminación en el objeto observado. De modo que la realidad ni es la de los medios de comunicación ni es la de los espectadores. Es más, podríamos decir que hay tantas realidades como colombianos.

¿Por qué empecinarse, entonces, en mostrar todos los días —y en tres emisiones diarias— los mismos fragmentos —tendenciosos, por cierto— de lo que ellos creen es la realidad? Ya aburre, hace años, ver y escuchar noticias en Colombia. Las del medio día son una réplica exacta de las de la mañana, y las de la noche un resumen escueto de las que les precedieron. Aburren Caracol y RCN. Aburren otros noticieros de ciertas emisoras dirigidas por loros parlantes. Repiten y repiten hasta la saciedad un fragmento tiznado del tal “espejo de una sola cara”. Porque lo que muestran los medios de comunicación en Colombia no tiene dos lados; casi siempre es unidireccional y altamente parcializado.

Todo asunto tiene dos caras,  dijo hace siglos Protágoras. No obstante, en la televisión y en la radio colombiana no aplica ese axioma. La realidad de los medios de desinformación del país es patológicamente monotemática. Como si no hubiera campo, como si no existieran áreas rurales, como si la cultura nacional se redujera al espectáculo (nuestros “famosos” que llaman), como si no existieran colombianos de a pie que cada día luchan por una mejor nación, como si no existieran emprendedores, indígenas, líderes sociales, novelistas, pintores, poetas, arquitectos que embellecen a la nación con sus obras y sus actos.

Los grandes medios radiales, televisivos e impresos son elitistas y excluyentes. Están dirigidos por letrados (de una sola cara), Bogocéntricos (ven al país desde los estudios capitalinos de sus emisoras y canales de televisión). Suponen que la realidad es inmanente a la centralización, al poder, a lo urbano, a lo “moderno”. Los medios de comunicación y muchos periodistas tienen un extraño concepto de belleza, de progreso, de abundancia y de clase. Para ellos la pobreza es fea, inconveniente, desafortunada. Por eso excluyen al resto del país y a sus protagonistas. Todos los días pasan lo mismo, todos los días hablan de muerte —desde una óptica sensacionalista—, atracos, corrupción, política y políticos (casi siempre los mismos; como si el espectro político se redujera a menos de una decena).

No es verdad que Colombia sea monotemática, como afirmó la “afamada” periodista. Colombia tiene mucha tela de donde cortar; es rica en realidades y en historias; es potencia en narrativas urbanas y rurales; es todo un emporio en rostros y en miradas, en voces y en pluralidades. No es Colombia la de una sola cara, son sus medios de comunicación y sus periodistas, quienes se empecinan en mirarlo todo con un solo ojo —como el cíclope narrado por Homero— cuando al país hay que mirarlo ni siquiera con tres. Se requieren muchos ojos para abarcar esta realidad tan plural y diversa, tan multiétnica y heterogénea.

Si los medios de información siguen como el cíclope, imitando a Polifemo el de La Odisea, llegará el día en que “Nadie” los vea, “Nadie” los sintonice y “Nadie” los lea.