Camilo Guzmán S.

En su sabiduría y en medio de la tensión más alta que ha tenido un gobernante en la historia, Winston Churchill dijo que nunca se debía desaprovechar una buena crisis. Lastimosamente en Colombia las crisis suelen desaprovecharse. En primer lugar, buscamos aplicar siempre los mismos remedios, políticas keynesianas, aumentar la deuda, entre otras, que si bien al principio algunos resultados favorables producen siempre terminan siendo un desastre en el largo plazo. En segundo lugar, nuestros políticos suelen ser poco creativos a la hora de solucionar problemas, se basan en la costumbre, en replicar lo que otros hacen, o lo que los organismos multilaterales dictan.

La crisis que ha dejado las decisiones que se han tenido que tomar para enfrentar la pandemia, ha puesto una vez más en evidencia los problemas estructurales que tiene el país en materia de generación de empleo. Importantes investigadores económicos como Cristina Fernández, Leonardo Villar, Adriana Kugler, Luis Omar Herrar y otros, han señalado en diferentes publicaciones los limitantes que impone para la formalización y la contratación de nuevos trabajadores los altos costos no salariales, y la dificultad para despedir. Al salario promedio de un trabajador formal colombiano, hay que sumarle un 53.4% en costos no salariales. Y un informal debe añadir hasta un 117% a su ingreso medio para formalizarse. Adicionalmente, conceptos como el de la estabilidad laboral reforzada, ha sido mal interpretado, y en muchos casos obliga a empleadores de manera injusta a mantener trabajadores.

Por otro lado, el salario mínimo que sindicalistas y políticos de izquierda buscan crecer en niveles imposibles cada año, genera una profunda inequidad, especialmente en la Colombia rural. Las tasas de informalidad en los municipios más pobres de Colombia superan el 90%. Esto quiere decir que el 90% de las personas de estos lugares no ahorran para su pensión y tampoco cotizan a salud, por lo que son una carga para el Estado que tiene que garantizar el acceso a salud y adicionalmente no dejarlo morir de hambre en la vejez. Sin embargo, las asociaciones sindicales buscan cada año mejorar el salario de los pocos que pueden acceder a un salario mínimo formal en Colombia, no les puede importar menos la suerte de las personas de la Colombia que no conocen.

Las crisis hay que aprovecharlas, y es por esto por lo que el gobierno del presidente Duque tiene una oportunidad de oro para hacer las reformas que necesita Colombia, solucionar estos problemas estructurales y llevar al país por la senda de los países exitosos. Tengo mucha esperanza en la misión de empleo y en la labor que está haciendo el subdirector general sectorial del Dane, Daniel Gómez Gaviria, los anuncios que han hecho hasta el momento parecen estar en la dirección correcta.

Con una correcta reforma laboral que disminuya los costos no salariales y un salario mínimo por regiones, Colombia generaría riqueza, empleo, desarrollo, y equidad para todos los colombianos, y no solamente para el grupito que se sienta a negociar el salario mínimo.