lunes, 27 de mayo de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-03-14 09:33

Mingas indígenas

Escrito por: Editorial | marzo 14 de 2019

Nuevamente el departamento vuelve a ser escenario de protestas sociales propiciadas por mingas indígenas, quienes se tomaron las vías con el fin de exigir el cumplimiento de los acuerdos firmados con el gobierno anterior y que a la fecha solo han cumplido menos del 30% de los puntos pactados. Cuatro días completa hoy la ‘Minga Social por la Defensa de la Vida, el Territorio, la Democracia, la Justicia y la Paz’, como la han denominado sus gestores, las comunidades indígenas del suroccidente del país. Cauca, Valle del Cauca y Huila, que se han declarado en asamblea permanente y están a la espera de que el presidente Iván Duque, haga parte de la mesa de diálogo. En el Huila, cerca de 3.000 personas están participando de esta movilización que se han ubicado en el puente del pescador jurisdicción del municipio del Hobo.

Igualmente, aproximadamente 6.000 personas participan de la minga indígena que han taponado en varios tramos la vía panamericana en el territorio caucano. A la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, quien hizo presencia en el sitio de las concentraciones, le exigieron coordinar una reunión con el presidente Iván Duque para el día anterior. Lo que es inaudito, es la forma violenta como se ha presentado esta movilización, que tiene paralizado el normal flujo vehicular por estos importantes cordones viales y que tiene paralizada la dinámica productiva de estas regiones. Esas formas irracionales de protestas no deben permear las sanas movilizaciones, para que el Estado atienda sus demandas de mayores recursos para atender las demandas de los indígenas, que han sido sometidos a la discriminación en la distribución de los recursos públicos. Además, no hay derecho que Altos funcionarios del Estado hayan firmado acuerdos en otrora para dar solución a sus demandas sociales y después les incumplan los compromisos oficiales pactados.

Hay una situación, que está afectando ostensiblemente a este grupo étnico, por los cientos de casos de amenazas de que están siendo objeto. Nos referimos a los múltiples episodios de territorios en los que valerosos civiles que gozan del reconocimiento y el aprecio de la comunidad, terminan asumiendo roles que deberían ser del Estado, y por tal motivo acaban en la mira del crimen organizado, que siempre ve en el tejido social un obstáculo. Es indispensable que el Estado estructure estrategias concretas para este importante sector de la sociedad colombiana, que con su accionar y sus palabras y la emoción, que éstas transmiten, tienen pleno sustento en una realidad que pide a gritos acciones concretas para protegerlos y que permitan avanzar en la senda de una protección real y efectiva de estas comunidades.

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