Por: Leonardo Sanmiguel Benavides

Desde hace ya varios siglos cuando los libros muestran los primeros registros del consumo y cultivo del café ya sea como infusión o por masticar las hojas del árbol se viene consolidando a través del tiempo la que es sin duda una de las bebidas más consumida en la historia de la humanidad, se dice que fueron los sacerdotes jesuitas quienes iniciaron el cultivo del café en Colombia sobre el siglo XVIII en el Norte de Santander y que permitió luego por esa gran influencia católica que tenía sobre ese entonces la iglesia que los cultivos se extendieran por otras partes del territorio nacional y llegarán a departamentos como Caldas, Cundinamarca y Antioquia para luego consolidarse en gran parte de la nación.

La historia del país y en especial la del café nos muestra cuán dinámica puede ser y es allí donde vemos como los departamentos que históricamente eran los que lideraban en la producción de café en el país ya no lo son, atrás quedaron los días de gloria de los que tradicionalmente eran llamados el eje cafetero conformado por Quindío, Caldas, Risaralda y Antioquia para abrirle paso al rey de la caficultura actual, el departamento del Huila y para que este fuese acompañado por los que conforman ahora el eje cafetero de la calidad, Tolima, Cauca y Nariño y aunque los medios de comunicación y muchos colombianos aún caigan en el error de seguir llamando eje cafetero a los de siempre, quienes están en el mundo del café sabemos que ya solo es parte de la historia.

Si bien la historia en la caficultura colombiana continúa cambiando día tras día es importante resaltar la labor que vienen realizando en silencio miles de caficultoras quienes son el pilar fundamental de miles y miles de familias cafeteras pues sin su tesón, gallardía, perseverancia, amor por la familia y su cultivo probablemente esta industria no sería lo que es hoy en día, el máximo símbolo de Colombia ante el mundo.

Cada día se conforman más grupos de mujeres cafeteras y sin duda se demuestra la calidad de sus cafés los cuales son tratados con mucho más cuidado y esto es respaldado en sus análisis organolépticos y sensoriales, no se puede negar más ese papel primordial que ellas vienen desempeñando en toda la historia de la caficultura a pesar de ser una industria históricamente liderada por hombres sus obras piden a gritos un mayor protagonismo liderando procesos de cambio fundamentales que se necesitan forjar de ahora en adelante, ustedes mujeres cafeteras son y serán parte esencial de la nueva caficultura del departamento y el país pues son ustedes con su amor infinito por la familia y los granitos de café quienes llenarán con esperanza nuestros corazones, ¡VAMOS PARA ADELANTE MIS MUJERES CAFETERAS!.