Por: María del Carmen Jiménez

 Hace pocos días, con una sonrisa de oreja a oreja asomada en la puerta de mi casa, con voz alta por aquello del distanciamiento físico en esta época de crisis sanitaria, mi vecina replicó:  Acaba de nacer un extremista en Colombia.

 Solo eso nos faltaba. Que ahora el presidente Duque se proclame de “Extremo Centro”. Creo que se equivocó como cuando se refirió a Colombia con P mayúscula. Debió decir más bien, del extremo Centro Democrático.

Con la velocidad de una Tarabita prosiguió: ¿Que tal? El extremista de centro que solo defiende al sistema bancario y al gran capital, el que proclama a los cuatro vientos que, el que la debe la paga y solo pagan los de ruana porque defiende   a sus amigos sub judice.  No tiene empacho en estigmatizar la justicia cuando sus fallos le son adversos, el que no ha explicado al país la compra de votos y sus vínculos con la ñeñe política, el que se complace y avala el deterioro e incumplimiento del Acuerdo de Paz, el que no ha demostrado la efectividad en la reducción de la violencia y el delito en Colombia. El que permite que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.  En fin, vecina , es un contrasentido proclamarse de centro cuando muchos de los que así se llaman detestan la deliberación democrática, odian y señalan a los contradictores, están acostumbrados a mentir   para ocultar la dura realidad que padecemos.

¿Terminó su disquisición? le pregunte.  Si, me respondió. Excúseme por monopolizar la palabra pero estoy muy inconforme con lo que pasa en nuestro país. Al igual que muchos atiné decirle.

Auscultó mi opinión sobre el planteamiento del presidente y le expresé:  No soy politóloga ni nada por el estilo que permita hacer un análisis exhaustivo de la expresión “Extremo Centro”. Hago parte de las ciudadanías libres que al igual que usted le duele el país por tanta corrupción, inequidades, pobreza, violación a los derechos humanos, que propugna porque se profundice la democracia en Colombia en el marco del Estado Social de Derecho.

 Como simple ciudadana pienso que algunos se apropian del concepto de Centro o de Extremo Centro, como el presidente Duque, para ufanarse de ser equilibrados, justos, plurales, decentes o neutros. Es solo un juego de palabras porque sus prácticas demuestran todo lo contrario.

 Le temen o no permiten la deliberación democrática, ni la argumentación. Señalan, estigmatizan de polarizador a su adversario.  No son coherentes, son triviales, distorsionan no justifican sus posiciones. Replican con calificativos más que con argumentos.   Es una etiqueta útil para ocultar su fetidez política. Prefieren el statu-quo. Hablan de la esencia democrática pero se oponen a aspectos fundamentales de la democracia liberal, esto es, derechos de las minorías, el respeto al Estado Social de Derecho y la separación de poderes.

La tendencia centrípeta actual es usada para desdeñar al contradictor, reducirlo a un enemigo a quien destruir atribuyéndole maldad, bestialidad o estupidez. ¿La verdad vecina?.  Yo prefiero la coherencia y honestidad.