Hace unos días observé a unos jóvenes que se desplazaban rápidamente en motocicletas por la ruta de la ciclo vía de la capital huilense.  Una mala costumbre adoptada últimamente, y no observada por las autoridades.  Pues, esa ruta es para bicicletas.

Uno de los velocípedos casi arrolla a una señora que pasaba por la cebra peatonal.  Le dije al joven que tuviera mucho cuidado, y que no debía circular por esa ruta.  Me respondió que si el policía no le había dicho nada, yo tampoco tenía porqué hacerlo.

Como ese, son muchos los incidentes que se observan diariamente. Y, aunque uno intervenga, las reacciones son casi violentas.  Los turnos en las filas de los bancos, las aglomeraciones en los paraderos de buses, los conductores que transportan a los pasajeros como si fueran bultos, pues, se desplazan a toda velocidad y no les interesa si las personas van bien.  Las congestiones en los despachos, en los supermercados, en los centros comerciales, en los gastrobares, en fin, todos estos escenarios afectan el estado de ánimo de las personas y su comportamiento.  ¿Y?

Ello, ha conllevado a que los ciudadanos ya no sean amables, cordiales, comedidos, atentos, solidarios, benefactores.  Se están acabando esos buenos modales. Y, ello es muy lamentable para la convivencia y… para… la salud.

Preste atención.  Expertos en el tema han demostrado que la amabilidad reduce los niveles de estrés, libera endorfinas, oxitocina, serotonina, e inyecta más energía y confianza en las personas que la practican.  Algunos científicos han asegurado que, inclusive, puede llegar a prolongar el promedio de vida, porque regula la oxidación celular, por lo que aplica a todos los rangos de edad.

Recuerde que la serotonina contribuye a la felicidad, la oxitocina regula la circulación y, por supuesto, ayuda al corazón.

¿Qué cuesta ceder el paso, saludar, dar las gracias, bajarse del andén, parar el ascensor, ayudar a pasar la calle, dar vía en el trancón, no pitar, ceder la silla en el transporte, … todo esto puede marcar diferencia, y dar motivación.

Hace unos años en varias empresas y lugares se observaba un letrero que decía: Qué fácil es decir buenos días, muchas gracias, con gusto, estamos para servirle, en qué le puedo ayudar.  No cuesta nada, es gratis, y se siente muy bien.  Ya no se encuentran.

A partir de hoy, fortalezca sus emociones y pensamientos para mejorar su salud, y combata la ansiedad, la fatiga crónica y la depresión, siendo… simplemente amables.

Recuerde lo que dice el libro de Hechos 20:35 “Hay más felicidad en dar que en recibir”.

No permitamos que la pandemia y las demás crisis actuales nos impidan ser amables.