Yefer Vega

Uno de los grandes éxitos de un gobernante en su periodo, es organizar el territorio que administra de acuerdo a un plan, que le permita un ordenamiento armónico entre lo urbano y lo rural, para cumplir con los objetivos, directrices, políticas, estrategias y programas que permitan el desarrollo, el crecimiento económico, social y ambiental, en forma integral de su región.

Me preocupa que en mi bello y natal departamento del Huila, de 37 municipios, 21 de ellos junto con el Departamento, ostentan un plan de ordenamiento territorial con más de 20 años de antigüedad, 7 municipios con POT de alrededor de 12 años y 9 municipios entre los 6 y 8 años de poseer un acuerdo con la organización de su territorio.  Esto me permite entender que hacer esa tarea no es algo sencillo, pero merece especial atención para poder impulsar proyectos que tengan durabilidad y una proyección seria en el tiempo, pues es importante definir, especialmente los planes de acción a corto y mediano plazo para que sus pobladores sientan el respaldo de su gobernante en su área operativa.

Por eso, la invitación es hacer la tarea bien hecha, pues el plan de ordenamiento territorial, debe cumplir con objetivos para lograr que los municipios y el departamento del Huila sean seguros, sostenibles e inclusivos y con esto desarrollar vínculos económicos, sociales y ambientales positivos entre la zona urbana y rural, implementar  políticas públicas de seguridad alimentaria promoviendo una agricultura sostenible, garantizando la protección y disponibilidad de agua, vías de comunicación con los centros de comercialización de sus productos y teniendo en cuenta también la implementación de políticas públicas de renovación urbanística en los casos en que no sea adecuado ampliar su territorio,  con el fin de proteger nuestro gran tesoro rural y las zonas de protección ambiental, pues con esto, se adoptan medidas para combatir el cambio climático con la protección de bosques y la diversidad biológica.

Es importante identificar cuáles son los lineamientos a desarrollar en materia rural y urbana, con el fin de poder aplicar sobre todo, la prevención del riesgo, ante posibles desastres para salvaguardar vidas.

Menos mal, nuestro gobierno departamental tiene puesta sus políticas en dirección del campo y su desarrollo equilibrado, pues sabemos que es un trabajo arduo donde es necesario dar compases de espera para percibir los cambios que se visualizan a mediano plazo.

Reiteramos nuestra invitación a coadyuvar esfuerzos entre todos, gobernantes, gremios, organizaciones sociales, ciudadanía, población rural y todas las fuerzas vivas de los municipios y departamentos para que logremos una verdadera interrelación entre lo rural y lo urbano que contribuya a un desarrollo más próspero y justo para todos.