DIARIO DEL HUILA, CIUDAD

Por: Hernán Galindo

La denominada plaza satélite de mercado del sur de Neiva surgió a principios de los 80, como una necesidad de atender a la población que se concentraba en el sur de la ciudad dentro de la expansión urbanística que vivió la capital del Huila.

Está ubicada en la denominada Comuna Sur o Seis de la ciudad. Está localizada en el barrio Tuquila, en límites de los barrios; Timanco, La Esperanza, Loma Linda y Galán, que hacen parte de la comuna más extensa, de mayor proyección urbanística, industrial y comercial de la ciudad.

La gerente Angie Melissa Portela, lidera el grupo de 60 socios que busca salvar la plaza

La gerente Angie Melissa Portela, lidera el grupo de 60 socios que busca salvar la plaza

En la zona exterior hay una placa que data del año 1983, como agradecimiento a los fundadores y al alcalde de la época Arismendi Mora, por eso, algunos la siguen llamando plaza “Arismendi”. En ese sector existen algunas misceláneas, venta de artículos de aseo y productos veterinarios.

Los problemas comenzaron temprano. Casi al mismo tiempo que se construía la plaza se tomaba la decisión por parte de las autoridades de concentrar todo el mercado de perecederos y abarrotes en Surabastos.

Demolieron la plaza central y la del norte. La del sur se salvó gracias al consejo que les dieron de asociarse. Se constituyeron en cooperativa y lograron salvar el proyecto.

El proyecto

Angie Melissa Portela Guzmán, gerente de la cooperativa Multiactiva de Servicios y Mercadeo del Sur, Coopservis, recuerda que a ellos también los iban a desaparecer, pero los salvó unirse. Entre los fundadores estuvo su señora madre, Rosario Guzmán, vendedora de envueltos y todos los productos necesarios para acompañar el asado y la lechona.

“Aconsejados por algunos dirigentes de la época se asociaron, fundaron la cooperativa y así se pusieron al frente de la plaza. Tenían vocería ante las administraciones de turno y no los pudieron sacar y mucho menos demoler la plaza que tan solo llevaba diez años de construida. Al principio eran 130, solo quedan 60, pero se mantienen y luchan unidos”, cuenta.

Pero no ha sido nada fácil, son pocos los que resisten los embates de los mercados en cada esquina, la informalidad que llega a las afueras de la plaza, en fin, no hay control y esto nos afecta, se queja.

Y señala que hace el llamado para que las autoridades los protejan porque pagan impuestos, tratan de generar empleo, “en fin, somos legales”.

Placa de reconocimiento a los fundadores y al alcalde Arismendi Mora.

Placa de reconocimiento a los fundadores y al alcalde Arismendi Mora.

Reconoce que es poca la afluencia de público. Era más concurrida. En la actualidad, hay mucho comercio alrededor lo que le quita clientela. Sin embargo, tratamos de llevarla y hacerla sobrevivir. No estamos endeudados, lo que queremos es trabajar y apoyo.

Esta licenciada en español y literatura termina siendo la gerente, como consecuencia del análisis que hacen los socios sobre a quienes ponían al frente de la administración.

“Traían administradores de otros lados y no tenían sentido de pertenecía.  Ahora nosotros cuidamos y hacemos que nuestros hijos se apropien del espacio y no lo dejen desaparece. Que quieran lo que han construido con esfuerzo nuestros padres”, manifiesta con convicción Angie.

En el segundo piso se encuentra la venta de pescado

En el segundo piso se encuentra la venta de pescado

Al hacer el recorrido, Diario del Huila encuentra que la verdad es que el panorama no es muy prometedor.  La edificación de tres pisos, tienen en la primera planta, locales en los que se ofrecen productos perecederos como plátanos, yuca, papa y hortalizas, un 30% de los locales está ocupado.

En la segunda planta se ofrece carne, pollo y pescado, es como lo más notorio de la galería. Están bien organizados y presentados, pero al igual que en la primera planta son pocos los locales en servicio. En la tercera planta están las ventas de comida y a un costado queda la gerencia.

Son muchas las mujeres que están al frente de negocios, la mayoría de la tercera edad, es un matriarcado el que está liderando la salvación de la plaza satélite del sur de Neiva.

Hablan los inquilinos y propietarios

Emiro Garzón lleva más de 35 años en el lugar, es un hombre de más de 50 años de edad. Tiene el cabello largo y cano, tiene pinta de poeta. Su apariencia nos recuerda al escultor que lleva su mismo nombre.

Cuenta que por la situación económica y la pandemia todo está deprimido, “el mercado es regular, pero nos sostenemos”.

Reclama mayor vigilancia por la inseguridad que campea en los alrededores de la galería, mientras sostiene y reitera que esta se creó para los habitantes del sur de la ciudad.

Así se observa parte del primer piso. Son pocos los locales ocupados

Así se observa parte del primer piso. Son pocos los locales ocupados

“Desafortunadamente no hay sentido de pertenencia, de parte de los propios habitantes de la zona vecina, la proliferación de pequeños mercados en los barrios cercanos, la gente prefiere comprarle a ellos y esto los está acabando, agrega.

Ema Javela: Es una señora de contextura delgada y de estatura mediana. Dice que lleva 25 años vendiendo huevos. Desde que los sacaron de la galería central se trasladó a la satélite del sur. Allá ofertaba lo mismo.

“Al principio, era muy bueno y siempre permanecía llena, fueron buenos tiempos, pero, como todo, se ha ido acabando, está para terminar. La gente ya no entra. Estamos de tercos, sobrevivimos los antiguos”, indica.

Leonor Tula: Es una de las dependientes que vive de la venta de pollo, uno de los pocos negocios que se ve con gran surtido. Al menos así se percibe en los refrigeradores que sirven de vitrina para exhibir el producto.

“Trabajamos de domingo a domingo, no cerramos”. Pide que los ayuden, que los promocionen, para que la gente vuelva. “Tenemos derecho al trabajo”, reclama.

Arnulfo Tovar, cliente: Reside en el sector toda la vida. “Vivo en La Esperanza”. Tuvo una miscelánea y debió irse porque no se vendía. No es optimista del futuro, “la Satélite está estirando la pata”.

   Rosario Guzmán, una de las fundadoras vende acompañamiento para el asado y la lechona


Rosario Guzmán, una de las fundadoras vende acompañamiento para el asado y la lechona

Faiver Melo: Cuenta que es plomero y en los comienzos de la plaza se encontraba de todo. Coincide en que los negocios de los alrededores los han quebrado, pero la gente es la que la ha dejado acabar, los mismos vecinos.

“La mayoría está de aguante, hay más mercados por fuera que por dentro. Yo vengo y compro lo de la casa. A veces desayuno.

Beatriz Garzón: Una señora delgada, con las arrugas de la edad y una mirada entre triste y nostálgica mira al horizonte en medio de unos plátanos que no se ven muy atractivos. Recuerda que “fuimos fundadores, tuvimos buenos momentos, son más de 25 años, pero, la están dejando acabar ya no hay sino cuatro puesticos esto era muy bueno, todos venían y había de todo.

Magaly Pérez. “La proliferación de ventas por todas partes hace mucho daño. La gente se fue. Los grandes supermercados, los informales, en fin, todo atenta contra la plaza. Le pedimos a los neivanos que colaboren. Llevo toda la mañana para vender 10 mil pesos. Así no aguanta nadie”.

Así en medio de dificultades que los asedian, pero con la fe que mantiene intacto el deseo de seguir adelante a estos 60 sobrevivientes a la crisis económica y al covid, dejamos atrás la plaza satélite del sur y seguimos recorriendo Neiva.