Mientras persistan las actuales condiciones creciente de contagios por la Covid-19, en nuestro territorio nacional, muy difícil será encontrar el anhelado sendero de recuperación económica que tiene semiparalizada a toda la dinámica productiva del país. Los indicadores económicos reflejan la profunda crisis en que se encuentran más del 90% de las actividades económicas en Colombia. Desde que el gobierno nacional, tomó la decisión de iniciar la reapertura gradual de algunas actividades económicas, la sociedad colombiana, empezó un proceso de recuperación lenta de la dinámica productiva.

Desafortunadamente, el impacto negativo que ha venido recibiendo sobre su bienestar desde el pasado 6 de marzo cuando aparecieron las dos primeras personas contagiadas por el coronavirus, ha sido nefasto para la calidad de vida de las familias. Especialmente en nuestro departamento, se nota la incertidumbre y la tristeza, porque todavía no se encuentra el verdadero sendero de la reactivación. El aumento de la inseguridad ciudadana, el aumento de la tasa de homicidios en esta región, el incremento de habitantes de la calle y la falta de oportunidades laborales, son entre otras variables, las que están lesionando ostensiblemente la vida de los habitantes.

El costo económico es enorme y, aunque el reinicio genera esperanza, la reactivación no llegará tan pronto como muchos esperan. Muchos expertos consideran que la crisis económica superará un lustro. A pesar del riesgo sanitario que ello implica, los agentes económicos empezaron a salir a la superficie un poco aturdidos, pero con muchas expectativas para la sociedad, pero que los indicadores económicos que ha promulgado el Dane, han sido adversos para el mercado laboral. Estamos atravesando un momento difícil. Hoy, promulgará los indicadores del mercado laboral, donde se tiene incorporado a la capital del departamento del Huila.

Por un lado, la propagación exponencial de la Covid-19 en todo el territorio nacional, está generando una preocupante incertidumbre en las finanzas públicas a nivel nacional, regional y en todos los municipios del país. Los gastos inesperados que se han suscitados para atender la pandemia han desbordado las expectativas fiscales que se tenían previsto desde el año anterior para el presente año. Actualmente el escenario fiscal obliga a los entes nacional, regional y locales, a estructurar de una manera responsable e inteligente un gasto inteligente. Por lo tanto, el desequilibrio que se tiene exige un ajuste drástico para los próximos años. Es absurdo pensar en una modificación de la estructura tributaria.

Evitar o moderar el retroceso requerirá esfuerzos y sacrificios en clave colectiva, una actitud comprometida y solidaria de toda la sociedad: gobierno, banca, gremios, empresarios, patronos y empleados. La reactivación económica debe acompañarse de medidas para crecer con equidad, blindar empleos y proteger a los más pobres.