Alberto Abello

No todos se percatan del momento político que estamos viviendo y los alcances de la eventual revolución mundial que asoma las orejas en casi todos los países del globo. Entre el Covid-19 y el conflicto económico generalizado, se mueven diversas fuerzas que unos califican de derecha o de izquierda, en tanto otros consideran que la masa general de la población es de centro y que los políticos que pretendan tener futuro y ambiciones presidenciales deben ubicarse en medio de los extremos, como el algodón entre dos vidrios.

Para comenzar, es preciso destacar que lo impensable está sucediendo en los Estados Unidos, en donde es evidente que fuerzas de izquierda han tenido influjo decisivo en las pasadas elecciones, no solamente en la agitación preelectoral, con la presión de la barriada sobre los asustadizos citadinos, sino en el esfuerzo callejero por amedrentar a los policías y defensores del orden. Sea cual fuere la evolución política de esa potencia, quedan serias dudas sobre el proceder electoral partidista y el duelo entre republicanos y demócratas, que no termina con el triunfo de uno de los bandos, sino que se va a agudizar más.

Así que los movimientos sísmicos en la política de Estados Unidos parecen afectar el globo, cuando en Occidente y otras regiones se presentan grandes conflictos políticos, sociales y económicos, con movilizaciones de población migrante o desplazada. Unos están por la globalización total y el fin de los Estados como los conocemos desde el siglo XIX, mientras otros pretenden mantener vigente su personalidad histórica, con lemas como Estados Unidos primero, enarbolado por el presidente Donald Trump. Sus adversarios demócratas están por la globalización de los mercados al estilo Soros. España involuciona al social comunismo revanchista

Entre los países de nuestra región que corren peligro de sufrir desgarres territoriales, figuran Brasil y Colombia, un movimiento externo pretende que el primero debe salir de la Amazonía, y que nuestro país ha sido incapaz en varios siglos de ejercer la soberanía nacional en las zonas de la periferia sembradas de coca y bajo control estratégico de la subversión o de bandas criminales armadas de diversa índole. Frente a ese terrible desafío geopolítico que nos amenaza, hemos propuesto en varias oportunidades que sembremos de bosque esas zonas periféricas, en unos 8 millones de hectáreas. Eso transformaría el medio ambiente en poco tiempo, pues tenemos tierra, sol y lluvias en esas zonas que facilitan que prevalezca el verde y fomentemos la oxigenación local. Esas siembras trasformarían la parte más olvidada del país y el clima mejoraría sustancialmente, favoreciendo el desarrollo y el bienestar colectivo. Lo mismo que se fomentaría el crecimiento y la riqueza de nuestro país. Surgirían nuevas ciudades que se podrían planificar y comunicar, para que no crecieran exponencialmente, sino que tuviesen un desarrollo programado. El abandono y el olvido de esos extensos territorios, seguirá siendo una tentación para que terceros pretenden alterar de nuevo nuestra geografía, so pretexto de que somos incapaces de imponer orden dentro de nuestras fronteras.

Una de las fórmulas para contener la revolución que se incuba en algunas de nuestras grandes ciudades, asunto que los políticos miopes ni ven, es volver productiva la periferia del país y dotar esas pequeñas ciudades que se forjarían en torno de los nuevos bosques, de todos los adelantos en materia de comunicaciones y con posibilidades de formar a los jóvenes de manera virtual.

Al fomentar la inversión, el crecimiento y elevar la calidad de vida de los colombianos periféricos, se produciría la paz social, que es el mejor de los antídotos contra la violencia y la revolución mundial que avanza por el mundo. Además, al impulsar las energías nacionales en nuevos y atractivos proyectos agrícolas, ganaderos e industriales, daríamos un gran salto al desarrollo con equidad.