El pasado 28 de mayo, el presidente Iván Duque a través del Ministerio del Interior expidió el Decreto 575 de 2021, “por el cual se imparten instrucciones para la conservación y restablecimiento del orden público”, donde se señalan ocho departamentos y trece ciudades del país.

Dentro de esas ciudades que menciona el decreto se encuentra Neiva, que aunque se han presentado desmanes a través del alcalde local, Gorky Muñoz Calderón, siempre se han manejado las cosas por la vía del diálogo. El mandatario ha sido muy conciliador con los manifestantes, apoyando de alguna forma, desde su difícil posición, las peticiones de las personas que protestan antes que a las actuaciones de autoridades competentes y a hechos que generen violencia por confrontaciones entre Fuerza Pública-manifestantes.

Aunque el Alcalde de Neiva inicialmente le salió así al paso a ese Decreto al que calificó de “muy general y ambiguo y no interpreta las condiciones distintas de cada región”, si aclaró que siempre ha sido respetuoso de las decisiones y medidas del gobierno nacional, pero considera que, por vivir allí una situación distinta a la de otras ciudades, “el Decreto debería tener una aplicación relativa y no absoluta”.

La intervención del mandatario de los neivanos ha impedido que en el largo mes que se han vivido las protestas, Neiva no tiene aún ninguna persona muerta, producto de los enfrentamientos entre las partes.

Sin embargo, aún los esfuerzos del Alcalde y la presión del Gobierno Nacional, con visita presidencial a bordo, el mandatario se vio forzado a ordenar la militarización de la ciudad en dos puntos concretos: Puente Santander y el sector de El Triángulo, pues ya estos hechos, así los quieran desconocer, son actos delincuenciales y de violencia.

Gorky estaba en medio de dos aguas e hizo todo lo posible por contener el avance de las fuerzas de la protesta y especialmente de los bloqueos y hechos de violencia y al gobierno presionando para que se ajusten a lo dispuesto en el Decreto 575, al final no le quedó de otra, que ordenar la militarización para restablecer el orden de la capital del Huila.

Pero los que hoy lo señalan, no pueden ser tan mezquinos de desconocer todos los esfuerzos hechos por el mandatario local, diálogos traducidos en mesas de concertación, visitas a los sitios de protesta, reuniones con transportadores y estudiantes universitarios y con la primera línea para hacer frente común a vándalos y violentos. Se agotaron todas las opciones, entonces ¿cómo hacerles entender?