lunes, 15 de julio de 2019
Opinión/ Creado el: 2019-02-10 10:33

Vocación del laico: Evangelizar

Escrito por: Padre Manuel Antonio Parra
 | febrero 10 de 2019

padremanuelantonio@hotmail.com

Escenario familiar resulta para Jesús el lago de Genesaret, o mar de Galilea o Tiberíades, que tiene una figura de cítara, de 21 km de longitud por 12 en su parte más ancha, á 208 metros bajo el nivel del Mediterráneo.

Sus aguas son dulces y limpias, de color azul profundo y de ordinario tranquilas, pero violentas cuando soplan de repente los vientos del sur.

La pesca en esa región era una verdadera industria y no era raro recoger de un solo golpe de red hasta 300 kg. Cerca del lago es Bethsaida, que significa “casa de la pesca”, trabajaban Pedro y su hermano Andrés.

El llamado de Jesús, o vocación, es desde la propia condición de cada uno. No se dirige a buscar intelectuales y expertos en interpretaciones bíblicas, sino  al lugar del trabajo ordinario y llama a gente simple, descomplicada e ignorante.

Lo único que les pide es que sean dóciles a la palabra y que crean en El. Se sube a la barca de Pedro y le exige unas acciones inmediatas después de  predicar a la multitud: alejarse de la orilla, ir a la parte más honda y echar  las redes. Era de día y estas exigencias para esos expertos en pesca, casi que eran una aventura sin sentido en la tarea de la pesca. Esa es la respuesta de Pedro “mira nosotros estamos cansados, hemos pasado la noche, conocemos los sitios de mayor afluencia de peces y no hemos cogido nada”. Pero en tu nombre voy a echar las redes. Y vino el milagro que ya todos conocemos como la “pesca milagrosa”.  Ante el asombro y la abundancia, ellos se asustan, pero el Señor va más allá de lo espectacular y los invita a pescar en otra forma, a integrar el  equipo para la nueva aventura de anunciar el Evangelio del Reino, a ser pescadores de hombres.

La búsqueda de cada persona desde su propia situación, la transformación y cambio en la conversión y la asistencia divina son actitudes propias solamente del  cristianismo. En todas las demás religiones, los hombres eligen y fabrican sus dioses.

Pedro en esta circunstancia, todavía sin saber su destino futuro de cabeza de  los discípulos es el signo de todas las llamadas de Jesús a los pobres, a los necios, a los ignorantes, a los que no valen nada, como inicio de lo que pretendía establecer: el reino de los humildes y de los que no temen la aventura  de seguirlo.

Hoy se habla mucho de Evangelización, de Nueva Evangelización, de capacitación, de recursos, de medios de comunicación, de programas y podríamos decir con sinceridad que parecería que fuéramos a fundar otra Iglesia, la de nosotros, la de la competencia, la de lo espectacular, sin contar en serio con el único importante que es Jesús, con la única fuerza es su palabra y su única condición válida de éxito es la confianza total en El. Necesitamos estar evangelizados para poder evangelizar y esto exige humildad para escuchar al laico, ser testigos de lo que hemos visto y oído y no quedarnos en lo material y superfluo, buscando la imagen y la abundancia.                          

Cristo predicó sobre una barca y la multitud lo seguía; hoy las basílicas más famosas de Roma y del mundo son más museos religiosos y sitios de turismo que lugares de la palabra y de la oración. El sitio es lo que menos importa, lo esencial es “remar, mar adentro, sin miedo en nombre del Señor”. Menos cemento y más pesca individual para el Reino.

Señores laicos la hora es de Uds. cualquiera que sea su oficio y profesión. Hay que pescar de  día, sin miedo y en todas partes e invitar a todos a entrar a la barca de Pedro que sigue siendo la de Cristo.

La ceniza es el signo de inicio de la cuaresma los invitamos a recibirla con respeto y sinceridad, no es sólo llevar la cruz en la frente, es cargar la cruz con amor.