La comunidad, en general, rechazó los desmanes y violencia al comercio, bancos y edificios
públicos en el centro de la ciudad, aunque también hubo opiniones que justificaron la destrucción.

DIARIO DEL HUILA, CIUDAD
Por: Hernán Galindo

Diario del Huila salió a las calles del microcentro de Neiva para escuchar la opinión de la
comunidad sobre el vandalismo desatado el pasado lunes por la noche en una jornada más del
paro social que sacude al país.
En la noche de terror fueron atacadas a piedra, saqueados e incendiadas sedes bancarias, centros
comerciales y el edificio de la Alcaldía Municipal.
“Fue ataque de vándalos al corazón de Neiva, a la sala de recibo de la casa de la ciudad, que es
capital del Huila”, lamentó Pedro Brito, mayor de edad que se acercó temprano a mirar con sus
propios ojos lo que ya le habían contado medios de comunicación y redes sociales.
Manifestantes marcharon por las calles, salieron a protestar desde temprano, pese a que los
neivanos estaban este día en aislamiento para prevenir la expansión del Covid-19. Pero después
de las 7 inició la oscura noche promovida por unos pocos desadaptados.
“Todo venía bien, cuando de pronto se desató la violencia, las agresiones, pedreas y todo fue
caos”, comentó Flavio Tira, estudiante de la Usco, que participaba “pacíficamente” en la
reclamación.
Indignación
La situación, que ya había dado avisos previos de lo que pudiera pasar con la protesta,
despertaron la indignación de ciudadanos que hicieron un llamado urgente para defender la vida,
evitar la degradación de la violencia y se acabe con bienes y propiedades.
“Muy triste e indignante que un grupo de terroristas y vándalos haya tenido patente de corso para
que la noche de este lunes 3 de mayo hayan incendiado y destruido el centro de Neiva y
atemorizado a toda la población”, manifestó Marlio, hermano del senador Rodrigo Villalba.
Y se sumó a las voces que reclamaron la oportuna intervención del Estado y las instituciones.
“Las autoridades gubernamentales, policivas y militares son también responsables pues les
permitieron actuar a sus anchas en pleno toque de queda, que por lo visto sólo fue efectivo para la
gente de bien”, se quejó.
Y es que, aunque personas consultadas entendieron la indignación que hay en la población por las
desigualdades sociales, que existe el derecho a reclamar y hay un rechazo a nuevos impuestos,
rechazaron la forma ocurrida en la capital huilense.

“Siempre es lícito levantarse en protesta cuando hay abuso de poder gubernamental, como es el
caso de la nueva reforma tributaria, pero no en esa condición de salvajismo. No es justo”, opinó
Julio Antury, junto a la oficina del Banco de Occidente, en una esquina frente al Parque Santander
y la Gobernación del Huila.
Miles de colombianos, de forma pacífica, inundaron las calles, levantaron la voz en contra del
aumento indiscriminado de los impuestos y salieron triunfantes. Lo hicieron en paz, pero las cosas
han pasado a color de hormiga, se comentó.
“Se cayó la reforma tributaria. Pero, ahora, unos usan el ataque, los disturbios, el desorden para
causar anarquía y daño general. Ese no es el propósito de las manifestaciones”, dijo Oscar Bolaños,
taxista, dolido por lo sucedido.

Violencia general
Lo que preocupa a los entrevistados es que no hay justificación de la violencia perpetrada por algunos ciudadanos contra la Policía y la propiedad privada, pero también los excesos de uniformados de la fuerza pública.

La movilización social, la resistencia civil no puede tornarse tan desatinada. Los perjudicados somos nosotros, los iguales a los atacantes, gente del común y pobres, se opinó “Sin empresas, sin comercio, sin bancos no hay empleo. ¿Qué tal que se hubiera quemado el Hotel Plaza?, como estuvo a punto de suceder, cuántos trabajadores habríamos amanecido sin empleo”, señaló Farid Farfán.

Otros manifestaron que duele mucho lo ocurrido, por Neiva y sus habitantes, por la gente que
salió ilusionada a marchar entusiasmada, pero un puñado de terroristas atacaron edificaciones.
“Caminando para protestar tranquilamente contra los impuestos y privilegios de pocos y un
gobierno que no ayuda. Pero no entienden que con esa plata vamos a pagar todos los daños
causados”, opinó Patricia Tamayo, empleada de una panadería de la carrera quinta.

“Esa no es la forma de protestar. Hay que reclamar en calma, con arengas, banderas y pitos, en
alegría, no de manera tan desproporcionada. Al fin y al cabo los daños los pagamos todo”, sé
pronunció Drigelio Tovar, repartidor de periódicos. “Los bandidos y vándalos son los políticos, los dueños del país, como Sarmiento y Ardila. Cómo va a valer más un vidrio, un cajero, una moto que las necesidades del pueblo”, comentó Félix Riaño, estudiante y repartidor de domicilios.

Luz Mila León de alguna manera justificó lo ocurrido. Precisó que ha participado en desplazamientos democráticas, en paz, “pero esta vez la situación se ha dañado por acciones y represiones sin mediar protocolos de la Policía. Creen que con la barbarie la gente se acobardará. No señor, seguimos adelante”. Un grupo en la zona de lustrabotas del Parque se sumó a la controversia. Todos aterrizaron en la urgente necesidad de un diálogo, no podemos acabar con la ciudad, coincidieron.

“Apoyamos a la gente que sale a protestar, a quejarse, con justa razón, pero sin desmanes, lo que
hoy vemos es muy triste, lamentable. Daños y disturbios. Pero también se debe apoyo a la fuerza
pública en su labor constitucional de proteger a los colombianos y restaurar el orden, pero hacemos un llamado a que se respeten los derechos humanos de manera integral”, fue clamor general.

Marchas infiltradas
Carlota Puentes manifestó que lo que ha pasado es que el gobierno, el Estado, la Policía y el Ejército han infiltrado las marchas “para desprestigiarlas y desacreditar a los marchantes. Con el desorden pretenden restar validez a las marchas, a las reclamaciones. Divide y reinarás, dicen por ahí”.

Con el paro y los grupos sociales se logra capturar la imaginación de los indignados colombianos. “Así, es probable que el gobierno tenga que enfrentarse a una sociedad distinta dispuesta a cambiar el centro de gravedad del debate político”, dijo el profesor Julián Gallo, del colegio Inem. En resumen, la comunidad neivana está de acuerdo con las manifestaciones, que la gente reclame, pero sin causar disturbios y que la fuerza pública acompañe las movilizaciones respetando los derechos humanos.

Reflexiones sobre otra protesta (I)