Esta semana ha permitido apreciar un compendio de aprendizajes y de asombros en medio de las
protestas que la ciudadanía colombiana ha realizado en la calle con el objetivo de tumbar la
reforma tributaria, entro otras reformas que ha propuesto el gobierno nacional a la cabeza del
presidente Duque.
Dentro de los aprendizajes, hemos encontrado que hoy más que nunca, la población busca
informarse sobre lo que realmente pasa arriba de nuestras cabezas. Y esto lo demuestra, el
movimiento de las redes sociales y de los medios alternativos que buscan ampliar y profundizar la
información para que realmente existan argumentos al momento de la protesta.
De otro lado, sentimos el asombro en distintos frentes de la manifestación social. Mientras los
soldados, policías y los guardias dedicados al control antidisturbios, han llenado las calles en
grandes cantidades, con el uso de motocicletas y hasta caballos, usando la fuerza como arma
colectiva y validada por un twitter parlamentario, un artista desconocido, el payaso Retazos,
caminó por horas la ciudad de Neiva, entregando información desde los lugares más álgidos de las
concentraciones y volviéndose tendencia al mostrar esa otra forma de comunicar.
Y si hablamos de otras formas, de estilos diversos y tendencias mediáticas, vaya sorpresa la que
nos han dado las army del Kpop. Para aclarar estos términos, debo decirles que, al ser madre de
una adolescente, he entendido que la corriente cultural coreana es lo que está de moda en el
mundo. Los Kpopers, son los seguidores de las agrupaciones musicales provenientes de Corea y
qua han sabido popularizarse a través de las redes sociales. Pues en Colombia, estos jóvenes y
especialmente jovencitas, aprovecharon los hashtag que circulaban en contra de la protesta y
llenaron de videos de ídolos y de bailarines las cuentas de Twitter, y así, desviaron la atención, o
trolearon, a los internautas que apoyan al expresidente que ha incendiado las redes con su
invitación a la militarización del país.
Entonces, desde la calle o desde el celular, con una camiseta o con una foto en el perfil, con un
video viral o desde la clase virtual de un colegio estrato seis, vemos como esta protesta se está
sintiendo más allá de todo lo esperado. Por supuesto, también se sienten las voces que repudian
los daños a los establecimientos comerciales de grandes plataformas económicas y los
monumentos caídos y las paredes pintadas. Pero, también se sienten las voces de esas familias
que estas noches lloran sus jóvenes muertos, sus hijos heridos, sus amigos ciegos por el uso
inclemente de la fuerza pública. Las voces son muchas, pero el respeto tiene que ser uno solo, el
que nos una como ciudadanía y nos recuerde que la dignidad vale la pena defenderla.
Por eso antes de señalar con rabia a quien sale a la calle, propiciemos empatía, para entender que
muchos de esos chicos salen a manifestar el hambre que hay en sus casas, a preguntar por el
futuro que se les ha negado. Defendamos el libre derecho a la protesta, pero también, evitemos
prestarnos para la polarización que, como piedra, quiebra los vidrios de esta sociedad cada vez
más débil.

Reforma contra el pueblo