Por: Leonardo Sanmiguel Benavides

La política populista ha invadido históricamente a los países de América Latina y Colombia no es la excepción. Populismo de izquierda y de derecha  se han acentuado por igual en la base de nuestra sociedad aprovechándose de un pueblo necesitado, con hambre, sin techo, sufriente y con la necesidad de progresar.

Muchos políticos de la vieja guardia incluso muchos ‘nuevos’ implementan como marketing político la “caridad”. Sin duda, es una estrategia sucia que solo se aprovecha de la necesidad de miles de compatriotas. Personas sin preparación que creen tener “el don de liderar” se lanzan a la política pensando que con dar regalitos están haciendo el bien y que por eso merecen representar a un pueblo. Qué equivocados hemos estado, con este tipo de artimañas acostumbramos a la gente a pedir y esperar todo del gobierno sin asumir los deberes que todo ciudadano tiene con la sociedad.

La táctica de regalar mercaditos, lechonas, aguardienticos, casitas y demás ha permitido que “líderes” lleguen a cargos de elección popular. Más de un concejal, diputado, alcalde, gobernador, senador, ha alcanzado el poder gracias a la implementación de esta política poco ética. El caso más reciente fue el de un candidato a la alcaldía de Neiva que ganó con “casitas”, desafortunadamente para nuestra amada ciudad.

Este tipo de artimañas disfrazadas de buenas intenciones deberían estar prohibidas para aquellas personas que estén o aspiren a un cargo de elección popular. Un cabildante, por ejemplo, lo que debe hacer es construir políticas en equipo con sus colegas para erradicar la pobreza, generar empleo, fomentar el turismo y no para formar una sociedad holgazana que solo recuerda sus derechos y olvida por completo sus obligaciones.

Para erradicar de la sociedad este tipo de estrategias oscuras de “caridad” es indispensable contar con el compromiso de todos. Es clara la necesidad y el hambre de muchas personas pero éstas deben exigir políticas de ayudas por medio de las instituciones y no a nombre propio.

Hay que entender que la deuda no es con los políticos sino con la sociedad en general. Nuestra ciudad, departamento y país necesitan gente realmente preparada que sepa gerenciar, proyectar y construir políticas a largo plazo que nos permitan ser más productivos pero sobre todo crear una sociedad más justa que nos ayude a erradicar de nuestro ADN el “cuánto es para mí” y lo reemplacemos por “en qué puedo ayudar para construir un mejor país”. Tengamos fe que los verdaderos líderes ya vienen.

“El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo.” Winston Churchill