Diario del Huila

Lo bueno y lo malo del San Pedro

Jul 6, 2022

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Por: Jose Eustacio Rivera Montes

Volver a tener nuestra esencia histórica en las calles y con la nutrida participación de la gente es muy importante para el desarrollo de nuestra región. Una pandemia que nos alejó por dos años de las costumbres autóctonas del Huila. Cerca de más de 100 mil automóviles ingresaron el fin de semana al departamento del Huila, una cifra que hace mucho no veíamos.

Los hoteles casi al 100% en Neiva y varios municipios estuvieron con ocupación y una fluida asistencia y permanencia de restaurantes donde el principal menú se inclinó por los platos típicos de nuestra región. Almacenes y supermercados con ventas permanentes. Compensan el duro golpe al desempleo y las medianas y pequeñas empresas que cerraron y fueron las principales afectadas ante el coletazo de las restricciones de los entes gubernamentales.

Los artesanos, gestores culturales y artistas tuvieron la oportunidad de sobresalir y tener ingresos en el marco del festival, en los diferentes eventos y actividades. Con beneplácito se resaltaron con presencia de niños y adultos. Son poco reconocidos y estimulados, y tenerlos en cada una de las agendas motivan a seguir con este gran estandarte regional que tanto cuesta sostener, ante la llegada de nuevos géneros, los pocos recursos que se manejan en cultura en los entes territoriales y las pocas convocatorias de estímulos por parte del ministerio de cultura.

El departamento estuvo custodiado por 2300 uniformados de la policía nacional para garantizar la seguridad de propios y turistas, que disfrutaron de desfiles, ferias, muestras folclóricas y fiestas populares. Hay indicadores bajos de hurtos, accidentes y homicidios, pero la intolerancia y grupos organizados de delincuencia siguen aprovechándose de incautos y desapercibidos.

La falta de cultura ciudadana sigue siendo el gran reto de una sociedad que no tiene limites de consumo de licor, de saber entregar las llaves ante la mala decisión de manejar con altos grados de alcohol, la falta de campañas de pedagogía y empresas que pongan a disposición conductores elegidos que sean contratados abiertamente para quienes deciden disfrutarse las fiestas al compás de “traguito”.

La poca fluencia de taxis y el limitado servicio de transporte público, traumatiza a la movilidad de la ciudad, lo que genera accidentes de transito y altera la ilegalidad. La organización del festival no debe quedarse solo en la logística cultural, si no buscar estrategias que generen una transversalidad de los servicios públicos, economía circular y el marco legal de las festividades.

En general mucha alegría y participación ciudadana, pero grandes reflexiones de organización para que siga siendo unas fiestas abiertas, sin estratos, sin violencia y con mucha cultura y esencia histórica. ¡Que viva el San Pedro!

Autor: WebMasterDH

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