Hace poco, la Fundación Friedrich Naumann me invitó a escribir un capítulo en un libro sobre el estado de la democracia en la región andina, que será lanzado en noviembre en el marco de la feria del libro en Lima. El tema que querían que desarrollara era el del Estado de bienestar en Colombia, un reto inmenso que implicó muchas horas de estudio de un tema que bien podría un libro completo, y que además requiere la participación de un buen número de expertos. Por el tiempo, el espacio, y también dado que no soy un experto en esa materia, ese escrito no pretende hacer un análisis detallado del Estado de bienestar en Colombia. Dediqué el escrito a analizar un problema estructural que debe ser abordado por todos los candidatos, nuestro gasto público social es ineficiente e inequitativo.

Es ineficiente porque si lo que pretende es redistribuir la riqueza (política que considero inadecuada para superar la pobreza) para crear una sociedad más equitativa, no lo está haciendo. Según mediciones de la OCDE la desigualdad de ingresos en Colombia, medida con el coeficiente de Gini se mantiene en el mismo nivel antes y después de transferencias e impuestos. Es decir, con o sin intervención del Estado la desigualdad de ingresos en Colombia se mantiene igual. En el promedio de los países de la OCDE, la desigualdad cae 10 puntos básicos después de transferencias e impuestos. Vale la pena aclarar que creo que las sociedades son más equitativas cuando tienen mayor igualdad en el consumo que en los ingresos, pero para compararnos con otros países debemos hacerlo con los indicadores disponibles y no tanto con los deseados.

También es ineficiente porque se financia principalmente con impuestos a las empresas, además con una de las cargas impositivas corporativas más altas del mundo. Los países exitosos usan su gasto público social como complemento a la generación de riqueza y empleo. Primero el mercado y las empresas mejoran la calidad de vida y luego con gasto público evitan que algunas personas vivan en condiciones precarias. En Colombia ahorcamos la generación de riqueza para financiar el gasto público. Matamos la gallina de los huevos de oro para terminar “redistribuyendo” pobreza.

Nuestro gasto público social también es profundamente inequitativo, según cifras que fueron publicadas por el Ministerio de Hacienda en la exposición de motivos de la anterior reforma tributaria, el 20.2% de los subsidios en Colombia se quedan en los bolsillos del 20% con mayores ingresos. Y en pensiones la cifra es peor, el 50.8% de los subsidios queda en el 20% de las pensiones más altas. El gasto público social queda en manos de quien tiene la habilidad política para desviarlo a su nombre y no tanto en las de quienes en realidad lo necesitan. Ningún precandidato puede ignorar el estado actual de las cosas, esperamos pronto empezar a escuchar propuestas reales, estructurales y creativas que aumenten la eficiencia del gasto público y sobre todo lo vuelvan verdaderamente equitativo. Para eso necesitamos menos discursos llenos de palabras sofisticadas y más reformas concretas. Menos Word y más Excel.