Colombia se acostumbró desde las tres últimas décadas del siglo pasado a modificar su estructura tributaria a través de sucesivas reformas tributarias, para buscar subsanar los crecientes déficits fiscales que tienen los respectivos gobernantes. Desafortunadamente no encuentran otra forma de superar estos desequilibrios en sus finanzas públicas que presentan los respectivos gobiernos, que son ocasionados por factores endógenos y exógenos. Pero la mayor incidencia se presenta porque la irresponsabilidad en el manejo racional del gasto público se ha convertido en una constante por parte de sus equipos económicos, que desbordan cualquier capacidad de ingresos, generando siempre permanentes desequilibrios o faltantes de recursos para financiar su funcionamiento y los respectivos Planes de Desarrollo.

El actual gobierno del presidente Iván Duque Márquez, no ha cumplido tres años de su mandato y ha presentado a consideración del Congreso de la República su tercer Reforma Tributaria. El aumento de la fronda burocrática, la corrupción administrativa en las altas esferas del Estado, la crisis de los precios del petróleo y de sobremesa, la pandemia del Covid que ha irradiado su poder destructor a toda la sociedad colombiana y a la dinámica productiva, ha generado de manera imprevista el más grande déficit fiscal que presenta, lo cual lo ha obligado a buscar una salida desesperada para medio nivelar sus finanzas.

Pero lo que no pensaba el equipo económico del alto gobierno era que esta iniciativa alcabalera, se le convirtiera en un polvorín a gran escala, por el inconformismo social que se ahondó por el manejo inadecuado del Covid en el país y por la creciente desigualdad social que desnudó la verdadera tragedia social y económica de las familias colombianas. Con tasas de desempleo altas, una recesión económica negativa del 6,8% en la vigencia fiscal del año anterior y el creciente conflicto interno que se ha desestabilizado el orden público en algunas regiones del país, son entre otros factores que se le han salido de la gobernabilidad al presidente de los colombianos.  Paros, bloqueos, muertes, heridos, destrucción de la infraestructura en las principales ciudades del país, y que cada vez se agudizan más, constituyen una afrenta a la institucionalidad por el desbordamiento de los hechos violentos que tienen paralizada a la economía, hasta tanto no se retire dicha reforma tributaria.   

Consideramos que es un error histórico del gobierno nacional, no tomar la decisión de retirarla. Todos los actores de la opinión pública la rechazan por unanimidad. Es absurdo que se persista con esta iniciativa de origen ejecutivo, cuando la sociedad colombiana se encuentra sumida en la más profunda crisis social y económica por la pandemia del Covid, que cada día se propaga más y cobra diariamente un promedio superior de 500 muertes durante los últimos días. Además, de nada sirvió el fallo de tutela proferido por el Tribunal de Cundinamarca que prohibía las movilizaciones sociales, ni las medidas de confinamiento y toques de queda decretados por las autoridades de los entes territoriales. Estas medidas se han convertido en un desafío para todos los manifestantes, que siguen saliendo diariamente a marchar masivamente y generar desórdenes en las principales ciudades del país. Todas las actividades económicas se encuentran semiparalizadas. Los bloqueos tienen en jaques el suministro de alimentos, combustibles y otros bienes y servicios a sus habitantes, con el agravante del aumento de contagios en todo el país. Es muy preocupante la situación. 

Las marchas que transcurrían pacíficamente fueron aprovechadas por vándalos encapuchados que empezaron a generar desórdenes que alteraron el orden público. Se presentaron fuertes disturbios que han destruido saqueado algunos establecimientos públicos y privados, parálisis en el transporte público y daños a la infraestructura de las ciudades. Además, están ocurriendo masivas expresiones de inconformismo a través de la entonación de cacerolas, ollas y utensilios de cocina, por la aplicación incoherente de estos instrumentos de política macroeconómica por parte del gobierno nacional, que han lesionado ostensiblemente el bienestar de la población en Colombia.

Igualmente, el retiro del respaldo de los sectores políticos afectos al gobierno nacional, que junto con la oposición han expresado públicamente que no la votarán. Así como se encuentran las cosas, se vislumbra un panorama incierto en el trámite de esta reforma. Consideramos pertinente que el ejecutivo debe retirar este esperpento de reforma, para bajar los ánimos caldeados que actualmente presenta el país.  

El alto equipo económico, debe repensar la forma como obtener los recursos que se necesitan para equilibrar las finanzas públicas nacionales, sin necesidad de meterle la mano al bolsillo. Se deben explorar otras alternativas, con el fin de disminuir la tensión social que se ha desatado en el territorio nacional. 

Se deben adoptar severas medidas de austeridad en el gasto público, control a la evasión, utilización de las reservas internacionales y una eventual emisión de dinero, así se vaya en contravía de la ortodoxia monetarista. Vale la pena aplicar estas medidas por la salud de la República. Los Estados Unidos han empezado a emitir dólares para conjurar la crisis económica que presenta el país más poderoso del planeta. La pregunta que me hago es que ¿por qué no se utiliza este mecanismo monetario en nuestro país? Será que se le daña el negocio al sistema financiero. Si es una medida buena para el país del Tío Sam, estoy seguro de que sería una genial alternativa para nuestro país, para sanear las finanzas públicas nacionales. 

El duro panorama de la pobreza en Colombia