Por: Froilán Casas 

¿Usted por qué se lacera por los errores del pasado?; ¿por qué no se reconcilia con ellos y consigo mismo y emprende un plan de mejoramiento? El pasado no tiene arreglo; si usted  corrige el presente, saboreará un futuro mejor. No le eche la culpa de sus errores a los otros, usted es el constructor de su historia. No se crea mártir, lo que usted ha sembrado, eso cosecha. Si siembra vientos, ¿qué cosecha? Pues, tempestades. No olvide que el que ofende escribe en el agua y el ofendido en la piedra, al que ofende se le olvida y el ofendido se acuerda. Por favor, aprenda de los errores, estos lo hacen aterrizar, lo vuelve realista y objetivo. Recuerde que usted no es Dios, usted es más frágil que un pétalo de rosa. Como dice el poema Desiderata: “Si te comparas con los demás te volverás vano o amargado, pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos. Sé cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños”. ¡Qué sabiduría de la vida!, ¿verdad? Cometer errores es propio de inteligentes, no reconocerlos, es propio de torpeza. Por favor, no sea terco, la terquedad es signo de poca inteligencia. No sé, pero en la práctica, los éxitos, con frecuencia obnubilan la inteligencia; pareciera que se aprende mejor de los fracasos. Como que, la buena vida cansa y la mala amansa. Otra regla de la sabiduría cosiste en  aprender de los errores de los otros, claro, para no repetirlos. Aprendamos del idealismo de Don Quijote, pero aprendamos más del realismo de Sancho. Sueñe sí, pero sueñe con los pies en la tierra. Sea realista, mida sus fuerzas y capacidades. Mire hacia arriba, sí, pero a la vez, afínquese en la tierra. Por favor, no compita con los demás, compita consigo mismo. No busque ser el mejor, busque ser excelente. No sea masoquista, no se lacere; levántese, no se sienta la persona más desgraciada del mundo. Por favor, si llora por la puesta del sol, las lágrimas no le dejan ver las estrellas. No hay que llorar por la leche derramada; hay que seguir adelante. No hay santo sin pasado ni pecador sin futuro. Dios no mira su pasado, mira el presente: ¿ya está arrepentido? Pues, entonces cambie y siga hacia adelante. Como dice el libro Santo: “Si tú tuvieras cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?”. La persona noble es la que reconoce el error para ganar la verdad. Por favor, no se engañe. Usted puede engañar a todo el mundo, -hay algunos que tienen unas habilidades increíbles-; pero a todo cerdo le llega su Sanpedro. ¡Cuidado! Tanto va el cántaro al agua que al fin se rompe. No abuse de sus cualidades y oportunidades, mañana puede pagarlas con desastrosas consecuencias. Recuerde que el tren pasa una vez, si no se sube, tal vez ya no volverá. El tiempo perdido, lo lloran los santos.