Por: Jaime Alberto Arrubla Paucar

Como anillo al dedo para hacer política,  el proyecto de ley aprobado el pasado viernes en segundo debate por el Senado de la República, que reducirá  la  jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, con el mismo salario de la jornada actual.  Una gabela para todos los trabajadores colombianos para que ganen lo mismo trabajando menos.   Su entrada en vigencia será gradual y estas cuarenta horas semanales podrán distribuirse en  cinco o seis días a la semana, respetando por supuesto el descanso dominical.

Muchas razones se esbozan para defender el proyecto que es iniciativa del Partido Centro Democrático: se dice que  Colombia es de los pocos países que continúa teniendo una jornada laboral tan alta, en comparación con otras naciones de la región latinoamericana, también se agrega que la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) es por 40 horas; que en Europa la jornada laboral es de 37,5 horas promedio; que reducir la jornada laboral significa mástiempo en familia, mayor productividad, más empleo y motivación.  Se cumple un derrotero de fraternidad que disipa las tensiones sociales.  Y se agrega que las empresas debe aportar esfuerzos para la cohesión social.

Sin embargo,  además de la del Gobierno, han aparecido importantes voces disidentes, incluso del mismo partido que avala la iniciativa, las que anuncian que no acompañarán el proyecto por considerarlo, en este momento, a todas luces  inconveniente. Se dice que la iniciativa está bien intencionada, pero no es el momento cuando la economía está en recesión; la pandemia ha aporreado  a las empresas en gran medida, especialmente las medianas y pequeñas que se afectarían además, aumentando sus costos salariales de producción en un 20 %, desestimulando  el trabajo y en lugar de crearse empleo se afectaría considerablemente.  El país, ya con más de cuatro millones de desempleados,  seria menos competitivo y la medida, de ser aprobada agravaría la situación.   Lo que hay que hacer es crear empleo  a toda costa y con la iniciativa se logra exactamente todo lo contrario.

Interesante debate el que nos presentan al cual hay que agregar el anuncio del Gobierno de que viene otra reforma tributaria para  poder  conseguir los recursos que se ocasionaron con ocasión de la pandemia.     A la ya insoportable política alcabalera se avecina otra que seguramente afectará la productividad de personas y de empresas,   para poder cubrir los gastos del feriado presupuesto de emergencia.    La prudencia  invitaría al Congreso a no precipitarse con la iniciativa de reducción de jornada laboral, hasta que no sepamos en que vamos a quedar con los tributos.    Apelamos  a esa misma prudencia  que, desafortunadamente  no se vio en el momento de elegir un miembro para la Comisión de Disciplina Judicial que está siendo juzgado por corrupción por la Corte Suprema de Justicia.  Elección imprudente.