Diario del Huila

Una vida de placer, desesperación y rechazo

Ago 30, 2021

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DIARIO DEL HUILA, PANORAMA

Por: Brayan Smith Sánchez

En la ciudad de Neiva cada día es más cotidiano observar a las mujeres trabajadoras sexuales de día y de noche, según cifras arrojadas por la Alcaldía de Neiva en el año 2020 ésta ascendió a un total aproximado de 150. La inseguridad, las violaciones, el maltrato físico y psicológico son las diferentes consecuencias que viven a diario ellas.

Una profesión difícil de aceptar, amar y vivir pero que en medio de la necesidad aparece a la puerta de muchas como su única opción.

Llegaron las “p*rr*s”, se reunieron las “p*t*s” palabras pronunciadas por la comunidad en general que estaban alrededor de ellas. Se estima, que en la ciudad de Neiva, es cada día más común encontrar una trabajadora sexual en las calles, ya sea de día o de noche.

Pero, ¿existen cifras oficiales de cuántas mujeres ejercen este trabajo en Neiva? ¿Se sabe cuántas de ellas cuentan con certificados médicos? ¿En qué lugares de la ciudad trabajan?. Las respuestas son negativas, tristes y alarmantes.

Según cifras arrojadas por la Alcaldía de Neiva, en el año 2020, ésta ascendió a un total aproximado de 150, dato que ha ido aumentando y que es poco preciso dada la informalidad que presentan dichas mujeres.

En 2013 el senador Armando Benedetti presentó el proyecto de Ley 079 que pretendía reglamentar el ejercicio de la prostitución en Colombia, llegó a primer debate y fue a plenaria en el Congreso, sin embargo, la propuesta lamentablemente no ha tenido más avances, afectando así, a las mujeres que día y noche salen de sus casas a las calles de la ciudad a arriesgar sus vidas, por unos cuantos pesos, soportando humillaciones y maltratos, como resultado a que unos cuantos de saco y corbata fueron negligentes en su trabajo.

Debido al gran desempleo que ha vivido Neiva en los últimos tiempos, siendo por algunos meses incluso la ciudad con más desempleados del país, a causa de la pandemia y demás problemas que lleva años combatiendo el municipio, pero que no ha podido vencer estos inconvenientes socioculturales como la desigualdad, la falta de oportunidades y la migración, ha llevado a que mujeres de todas las edades y estratos económicos, decidan ser parte de este grupo informal, señalado y juzgado por toda la sociedad que no se atreve a ofrecer nuevas oportunidades y solo marginan, abusan e infringen sobre los derechos de ellas.

Aunque existen pocos datos estadísticos confiables, hay indicios de que a menudo las mujeres que acaban ofreciendo sus servicios sexuales, están expuestas a años de discriminación y a la opresión machista de sus clientes, además, viven en las márgenes de la sociedad olvidadas por el Estado, sus amigos y familiares, encontrando en este entorno una luz de esperanza empañada de prejuicios y malos tratos.

Para Daniela, esto no es ajeno, puesto que desde los 14 años de edad lleva ejerciendo este oficio. Para ella, con tan solo 19 años de edad, narra que lo más difícil de su trabajo es lidiar con los hombres groseros, violentos y abusivos que incluso le han robado el dinero que con sacrificio se ha hecho en el día.

Madre de dos hijos y esposa, trabaja de día y en un horario muy particular debido a que en su hogar desconocen de dicha profesión. Daniela con una apariencia de niña, no mayor a 1,55 centímetros de estatura, con voz inocente, de aspecto frágil, con miles de sueños y metas por cumplir, nos confiesa, que en varias ocasiones tanto entidades privadas como públicas han llegado a ella, ofreciéndole una mejor vida, lejos de todo el caos que produce ser prostituta en la ciudad de Neiva, pero todo queda en palabras, dice ella, dejando a esta mujer desilusionada y sin otra opción que seguir parada en la plaza cívica, en pleno corazón del centro a la espera de un cliente.

Con cinco años en el mundo de la prostitución, dice que se siente orgullosa y con un muy profundo amor propio, ostenta seguridad y menciona ser afortunada de poder trabajar, para así, llevar un sustento diario y poder colaborarle a su esposo en su humilde morada ubicada en un lugar olvidado y poco transcurrido debido a su inseguridad.

Al preguntarle su nivel académico, manifestó que sólo ha cursado hasta 10 de bachillerato, debido a que, los recursos de su familia han sido muy escasos y por ello desde niña, (en un vocabulario popular) se la ha guerreado, ya que le ha tocado responder por comida y gastos en su antiguo hogar desde chiquita, lo que llevó a que Daniela empezara a tocar puerta por puerta en busca de empleo, en busca de sueños, en busca de comida y sin respuesta alguna y al ver que no encontraba nada, la manera más factible que ella vio fue empezar en el mundo de la prostitución, ya que fue la solución más fácil y rápida ante sus necesidades.

María, es otra mujer que ha vivido sumergida en este mundo por casi 20 años, que ha luchado por sus tres hijos sin descanso para sacarlos adelante o al menos, como dice ella, dejarlos con su bachillerato a cada uno.

Ha sufrido el desprecio, el rechazo, la discriminación y el maltrato como todas sus compañeras por ser como es, pero lo más difícil para ella, siempre fue esto último, el maltrato, las diferentes formas de agresión que ha tenido que soportar por parte de sus clientes, compañeras, personas en general y hasta policías que abusan de su autoridad menospreciándola.

La rivalidad que hay en este gremio también es un factor que la afecta bastante, pues si bien dice nunca haber tenido conflicto con ninguna de sus compañeras, se siente bastante mal porque sabe lo difícil que les toca a cada una de ellas y las quiere como si fueran sus hijas.

La pandemia para ella fue terrible y catastrófica, «difícil, difícil, difícil» exclamó, y sobrevivió gracias a las ayudas de algunos amigos y amigas, a  donaciones por parte de iglesias y fundaciones, menciona que no salió favorecida en los mercados entregados por la alcaldía, de igual forma  pedía ayuda ansiosamente para buscar su nombre en los listados de las ayudas pero jamás se halló incluida dentro de ellos .

María es analfabeta, nunca aprendió a leer ni a escribir, mencionó que lo único que sabe hacer, es darle placer a un hombre y que ésta precisamente es la única oportunidad o cualidad que se le ha presentado en su vida para tener con qué vivir.

«Irme a vivir con un hombre», manifestó de una manera muy decepcionada y triste por sus experiencias vividas, «prefiero seguir vendiendo el cuerpo que aguantarme a un man que me humille por un plato de comida» concluyó.

Sin saber leer ni escribir, de bastante edad, con tres hijos, con sus sueños destruidos, sin oportunidades, pero con la responsabilidad de sacar a su familia adelante, sigue vendiendo lo único que tiene, su cuerpo.

Su esperanza es ver a sus tres retoños triunfar y alejarlos completamente de la vida que a ella le tocó vivir.

Cuesta creer lo difícil que les ha tocado a María y Daniela en esta vida y eso que existen peores versiones, peores anécdotas que día a día sufren estas mujeres, catalogadas por una sociedad que solo juzga y reprime desde la comodidad de su mueble y que sin duda alguna no saben a qué se enfrentan ellas y porque han tenido que escoger este camino.

Andrea, también es trabajadora sexual y en comparación con sus compañeras es transgénero, tiene una historia parecida a ellas. Con 25 años de edad y dos años ejerciendo este oficio, ha sufrido desigualdad de género, exclusión social, racismo y agresiones por los mismos hombres que compran sus servicios sexuales para satisfacerse.

Señala que ha soportado y aguantado violaciones y abusos contra sus derechos humanos, desalojos forzosos, estigmatización por toda la sociedad y negación de su protección por parte de la ley “la misma policía nos señala, excluye, insulta, grita y en algunas ocasiones maltrata”, dice Andrea.

La falta de oportunidades la hizo tomar esta decisión, comenta que es estilista, pero que el poco dinero que obtiene ejerciendo este oficio, no es suficiente para sostener a su familia conformada por ocho personas, así que, decidió acoger esta profesión como su única opción para poder llevar un pan a su familia, la cual tiene conocimiento de su trabajo y aun así están con ella.

“Todo lo que he hecho y hago es por una necesidad, he llegado a aguantar hambre y frío con mi familia, por eso tomé esta decisión, fue la única que me ofrecieron la cual ganaba un poco más que como estilista, si no hubiera escogido esto, en este momento estuviéramos todos en la calle pidiendo limosna”, exclamó Andrea.

Ha pasado por muchos problemas en los cuales ha visto como autoridades, personas del civil abusan y matan a sus compañeras por el simple hecho de ser trabajadora sexual, “he presenciado tanta violencia en estos dos años que ya es normal, aunque absurdo creer eso, pero he tenido que soportar y cargar con compañeras que han sido golpeadas y apuñaladas… al final todas han muerto ̈”, menciona; además, comenta de forma jocosa que este trabajo ofrece más flexibilidad y control sobre las horas de trabajo.

Es triste observar cómo son juzgadas aquellas mujeres que por necesidad o simplemente capricho se encuentran realizando este trabajo, arriesgándose y exponiéndose a que cualquier persona acabe con sus vidas por ser “putas” o “vagabundas”.

Si algo está más que claro en este texto, es que el apelativo “mujeres de la vida alegre” no tiene nada que ver con ellas, ya que, viven en la sombra de una sociedad,  que las ha olvidado,  las juzga a diario por su manera de vivir, de vestir y conseguir dinero, dinero  que viene de personas que buscan de ellas calmar su sed por el sexo.

“Amor de puta y vino de frasco, a la noche gustosos y a la mañana dan asco”.

Una vida de placer, desesperación y rechazo

Un trabajo donde han sufrido violaciones, abusos contra sus derechos humanos, desalojos forzosos, estigmatización por toda la sociedad y negación de su protección por la ley.

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