Diario del Huila, Crónica

Por: Hernán Guillermo Galindo M

Luz Myrian Ortiz “Tao”, es auxiliar de enfermería hace 23 años, estudio con mucho sacrificio, su vocación es servir con entrega y amor a los pacientes. Pide que los tengan en cuenta que no los discriminen. Esta es su historia.

Luz Myrian Ortiz “Tao”, nació en la vereda Guasimal del municipio de Natagaima en el departamento del Tolima, donde se crió junto a sus cinco hermanas y sus padres.

El remoquete de Tao se lo debe a unas tías que fueron enfermeras como ella a las que les decían las Tao. Mis tías que fueron las que me ayudaron a estudiar auxiliar de enfermería, les decían las Tao, cuando entró a trabajar al hospital me comienzan a llamar así y me quedé Miryan Tao”, cuenta.

Esta auxiliar de enfermería que tiene 46 años de edad, 23 de los cuales se ha desempeñado en su profesión de la que se siente orgullosa, dice que es lo que siempre le gusta hacer en la vida, “poder servir con dedicación y amor a los pacientes, es lo que me nace”, dice

Tao cuenta con orgullo que sus padres, don Toribio Ortiz, agricultor que todavía siembra a sus 84 años siembra maíz, yuca y plátano. Su progenitora que también vive tiene 83 años y es ama de casa. «Viven en la vereda Guasimal de Natagaima, a veces en los descansos me pego el viaje a verlos, esto es cada mes o cada 20 días», sostiene.

Los recuerdos de la infancia son los mejores para Luz Miryan en una finca en la que si bien no tenían lujos, nunca faltó la comida. “No teníamos de pronto para ropa o zapatos lujosos, pero la comida gracias a Dios nunca nos faltó. Fueron unos años maravillosos con baños en el río, mi mamá lavaba ropa y nosotras aprovechábamos para bañarnos”, dice.

Traslado a Neiva

Recuerda que estudió en Natagaima hasta tercero de bachillerato. “Un día mi papá nos dijo que no nos podía dar más estudio que miráramos qué íbamos a hacer, somos seis hermanas todas seguidas y no le alcanzaba. Mis tías las Tao, que Vivían aquí en Neiva nos ofrecen la posibilidad de venir a vivir con ellas. Nos trasladamos, toco trabajar y estudiar, pero con esfuerzo salimos adelante”, relata.

Tao estudió auxiliar de enfermería en la escuela San Pedro Claver, terminó y comenzó a trabajar de eso ya hace 23 años. “Con esto me he sostenido económicamente para sacar adelante a mis hijos, mi hijo mayor Diego Edison Ávila se va a graduar de Contador. El menor Julián David Ávila, estudia bachillerato en el Oliverio Lara”, dice

Las tías Lucila y Ruby Tao que trabajaban en el hospital fueron las que les dieron la mano en su arribo a Neiva.

Miryan pide que les reconozcan no solo a las auxiliares, a las enfermeras en general que les toca muy duro. “Los turnos para el personal de la salud son muy duros y complicados, las actividades son de mucha responsabilidad. Nos tienen olvidados, no nos reconocen lo que realmente debe ser en lo económico. Los turnos son agotadores y deberíamos de tener vacaciones unas dos veces al año”, comenta.

Recorrido profesional

Esta mujer echada para adelante, que siempre está alegre y dispuesta a dar lo mejor en cada una de sus jornadas se graduó en el 97 y ya en el 98 comenzó a trabajar en el hospital haciendo un reemplazo de tres meses.

Luego llega a la desaparecida clínica La Paz en la que labora por espacio de tres años, cierran la clínica y le toca buscar trabajo de nuevo.

Un buen amigo la vincula a la desaparecida SaludCoop, entidad en la que labora por 15 años. Llega el cambio a Esimed que termina quebrado, se quedan sin trabajo, “muchos demandaron, pero no ha habido resultados”, agrega.

Actualmente, Miryan trabaja en la clínica Medilaser en donde cumple los turnos como desde el primer día que comenzó a trabajar con vocación de servicio en el hospital general.

Las implicaciones de la pandemia

Una de los principales retos que han tenido que afrontar los integrantes del sector de la salud es la pandemia del COVID que nos afecta ya hace dos años. Tao recuerda que al principio y aún viven días de incertidumbre por el virus. “Existe el temor al contagio y toca ver todos los días dramas de las familias que llegan con sus seres queridos a una unidad de cuidados intensivos, en este cuarto pico han llegado jóvenes y niños”, afirma.

El trabajo se intensificó a lo que se sumó adaptarse a los protocolos, los trajes, se hacía difícil poder respirar. Ya hoy en día nos adaptamos, pero el virus está ahí, es una realidad que nos toca afrontar. Hay niños y jóvenes por lo que toca cuidarse, guardar los protocolos, evitar las aglomeraciones.

A manera de anécdota relata que cuando trabajaba en la clínica la paz se quedó dormido después de un turno de doce horas, a las siete de la mañana llegó el dueño y me encontró dormida. Me dijo, “Mija, ya son las siete levántese. Por fortuna no hubo represalias”, comenta y ríe.