DIARIO DEL HUILA, TENDENCIA

Efe

Un camino por el que apuestan científicos de diversas partes del mundo y en el que Canarias aspira a ser referente mundial desarrollando y experimentando formas de estimular la captura de los gases de efecto invernadero por las aguas marinas como banco de pruebas a través del proyecto europeo OceanNets.

La imperiosa necesidad de acelerar la lucha contra el cambio climático ante la escasa capacidad de las medidas adoptadas hasta ahora para corregir problemas medioambientales como la reforestación obliga a mirar al mar para buscar nuevas vías de reducir el dióxido de carbono de la atmósfera.

Un camino por el que apuestan científicos de diversas partes del mundo y en el que Canarias aspira a ser referente mundial desarrollando y experimentando formas de estimular la captura de los gases de efecto invernadero por las aguas marinas como banco de pruebas a través del proyecto europeo OceanNets, según se ha destacado al presentarlo públicamente este lunes.

Gran Canaria, cuyas aguas costeras son actualmente escenario del primer experimento de ese proyecto, ha acogido la presentación de esa iniciativa, que es pionera en el ámbito internacional, según ha subrayado uno de sus responsables, el científico Javier Arístegui.

Investigador y director de la Cátedra Unesco de Gestión Ambiental y de los Recursos Marinos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Arístegui ha insistido en la urgencia de averiguar cómo agilizar el proceso de “secuestrar el CO2” acumulado desde tiempo atrás en la atmósfera para poder alcanzar las metas de rebajar su presencia en volúmenes considerables que se han marcado los organismos internacionales, pues atajar las emisiones de gases invernadero es preciso, pero no bastante para lograrlo.

Neutralidad climática

“Porque, por mucho que reduzcamos las emisiones, podremos llegar a la neutralidad climática, es decir, que todo lo que emitamos sea igual que lo que se secuestra en los sumideros naturales, pero no llegaremos nunca al objetivo” marcado, ha sentenciado.

La razón es que “hay muchísimo dióxido de carbono que ya está en la atmósfera“, hasta el punto de que se ha calculado que para rebajar su presencia habría que eliminar una cantidad de 670 gigatoneladas de aquí a final de siglo, a un ritmo de unas 10 gigatoneladas (10.000 millones de toneladas) por año, ha expuesto.

Recalcando que “eso significa la suma de todas las emisiones históricas de Estados Unidos y China desde el inicio de la revolución industrial”, por lo que eliminarlo “no es fácil”.

Desde esa situación, se apuesta por multiplicar los beneficios que para la calidad del aire tiene el proceso natural de alcalinización de las aguas marinas, por el que estas restan CO2 al ambiente al ir a parar a ellas, por erosión o por otras vías, minerales terrestres en los que se ha fijado parte de ese elemento nocivo.

Puesto que es un proceso positivo pero que, de por sí, “reduce menos de un gigatón al año”, cuando lo que se precisa es eliminar 10, ha dicho, agregando que, en consecuencia, se pretende explorar las opciones de “poder escalarlo de una forma que sea factible”.

Triturar minería y llevarla al mar

Ya que “hay que acelerar este proceso, añadiendo sustancias” a las aguas que incrementen sus proporciones, bien sea “triturando minería y llevándola al mar” o bien produciendo esas sustancias de forma electroquímica para poder añadirlas al mar”, ha detallado, apuntando que las opciones son variadas, porque “incluso la salmuera procedente de la desalinización del agua se puede utilizar”.

Arístegui ha añadido que también se barajan otras soluciones “mucho más tecnológicas, como puede ser la captura directa de dióxido de carbono, licuarlo y hundirlo en pozos, bien en segmentos terrestres o marinos”, aunque de momento potenciar la alcalinización marina es la apuesta que, con la colaboración de investigadores españoles, alemanes y británicos se está haciendo en OceanNets.

Proyecto que, ha recalcado, es novedoso en un contexto mundial en el que, “hoy en día, la mayoría de estas tecnologías están en fase conceptual”, debido a que, pese a la urgencia de contar con ellas, “falta muchísimo dinero para investigar, para saber si no tienen un impacto ambiental, si son factibles, si son económicamente viables, si son ambientalmente viables, y si se pueden escalar de una forma suficientemente grande para que realmente reduzcan y secuestren carbono”.

En todo caso, ha avanzado que falta menos para que haya algunas primeras conclusiones de los trabajos de OceanNets, que “básicamente tiene dos grandes experimentos basados en la alcalinización oceánica”, el primero de los cuales se desarrolla en la isla y “está acabando” ya.

En tanto que el otro “lo llevaremos a cabo en aguas frías oceánicas de Bergen (localidad alemana), para tener dos zonas oceánicas muy contrastadas”, ha anticipado.

La presentación pública del OceanNets, llevada a cabo en el marco de una jornada científica titulada “El océano como aliado contra el cambio climático”, ha contado además con la participación del rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Lluís Serra, y del director de la Plataforma Oceánica de Canarias, José Joaquín Hernández, quien ha reiterado la conveniencia de actuar frente a la “crisis climática” del mundo y el empeño del archipiélago de consolidarse como “banco de ensayo de nuevas tecnologías” que contribuyan a hacer posible ese propósito.