Diario del Huila

Pescadería con aroma de mujer

Sep 18, 2021

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DIARIO DEL HUILA, CRÓNICA

Por: Hernán Guillermo Galindo   

Alexandra Piedrahíta Gómez, de 48 años, comenzó de niña a vender pescado en la calle, con muchas dificultades. Con familia, hijos y nietos, hoy, tiene un puesto propio que genera 7 empleos directos.

En medio del característico olor a pescado que sale de los varios módulos de venta de toda clase del animal en un sector del Malecón de Neiva, situado al costado derecho del río Magdalena, corre de aquí para allá una pequeña mujer, de no más de 1.50 de altura, en busca de clientes o al encuentro de personas que la conocen de años y quieren los atienda.

Es Alexandra Piedrahíta Gómez, de 48 años, casada, con tres hijos y nietos, que son lo que más ama en la vida, junto a su madre. Y, claro, también el oficio de comercializar pescado, en el que lleva 39 años, “siendo muy feliz”.

Ambulante a los 9 años   

‘La Mona’, como es más conocida cariñosamente la mujer, inició en el negocio cuando apenas tenía 9 años, en la parte exterior de la Galería Central. Ayudando a una tía, a la que aprecia mucho, Angélica Gómez, pues fue quien le enseñó, le dio los conocimientos y hasta secretos de la labor.

“La venta era ambulante, en platones. Siempre fui vendedora, buena comerciante. Animaba a la gente a comprar: lleve que está fresco, muy rico, a buen precio. Si algo no le gusta o no le parece, se le cambia el producto. Repetía a diario y nos iba bien”, recuerda, con alegría en el rostro.

“Y así fue pasando el tiempo, vendiendo, vendiendo, hasta los días de hoy. Gracias a Dios y a Río Mar que nos ha dado para vivir, se genera trabajo y empleo”, continúa, muestra de que es batalladora, buena persona, entradora y gran vendedora.

Por eso, asegura, convencida, que “aún con mis años sigo con el mismo lema, el objetivo no es el cliente de momento y oportunidad, sino tenerlo para siempre. De ahí que la mejor atención debe ser siempre”.

Pero un día, demolida la plaza se quedó sin un lugar fijo para el rebusque. Ya en la calle la policía los perseguía, los corría, hasta que llegaron desplazados a la Avenida Circunvalar donde se instalaron un tiempo en tablas y carpas plásticas, con normales problemas de higiene y salubridad por los deshechos del producto y el trajín.

Entonces, hace 15 años, aproximadamente, apareció el proyecto de la Cooperativa de Vendedores de Pescado Artesanal, Coovenpesa, que les dio a ella y a otras familias la oportunidad de organizarse y negociar dentro de una estructura sanitaria, cumpliendo con las normas.

“Por fin pudimos vender legalmente y sin miedo para seguir llevando el sustento y el pan a la casa”, recuerda, agradecida.

Fue el momento de la independencia soñada por la Mona. De a poco compró refrigeradores, mesones y los elementos necesarios para el funcionamiento del puesto.

“Con las ventas levanté a la familia, ayudé a mis hermanos y a más personas. Hoy, generamos siete empleos directos”, dice, orgullosa, con una pícara sonrisa, detrás de un uniforme blanco, el mismo que lucen sus empleados.

Optimismo y energía de la ‘Mona’

Pero para poder tener éxito debió trabajar duro y prepararse, como llegar a las 6 de la mañana y terminar la jornada a las tres de la tarde. De lunes a domingo.

Es que salir avante no es tan simple como ofrecer, vender y recoger plata. Aprendió a picar bagre, cabezas, escamar, tajar, filetear “porque para mandar primero hay que saber”, asegura.

Cuenta que lo único que han cambiado con los años es que no hay la abundancia de pescado de antes. En la actualidad, se surte de trabajadores del río Magdalena, de las represas Betania y Quimbo y de cultivos en fincas.

“Obvio que para comer se queda con el pescado de río sobre el de mar, prefiere la cachama, el sábalo, el animal que tiene dientes porque la carne es más suave, más rica”, responde, con tranquilidad, mientras despacha un pedido de mojarras.

Alexandra es muy piadosa, de reflexiones y refranes. “Todo lo que tenemos es de Dios. Él nos facilita las cosas para administrarlas. Sin Dios no somos nada. Estamos de paso en la Tierra. Por eso, no hay que atesorar mucha riqueza, de aquí no nos llevaremos nada”.

Se ilusiona con viajar, pasear, con estar en paz, disfrutando de la jardinería, de las matas y flores, de estar al lado de los nietos y la familia, que es lo más importante para ella, aunque siempre amará trabajar y a la clientela. “Gracias a ellos nosotros comemos y vivimos”, expresa.

Manifiesta que no es una mujer vanidosa, pese a que siempre está limpia, arreglada y presentada, con leve maquillaje y cabello tinturado.

Es por sentirse bien, hermosa, estar presentada y dispuesta a recibir a la gente que la visita: “Estoy convencida de que la vanidad no debe existir en nosotros los seres humanos”.

Antes de irse con una pareja que llega por un pedido, la negociante piscícola se despide con un mensaje: “No se dejen robar sus sueños. Tenemos que luchar por ellos, con coraje y amor. Si cae o desfallece, por cualquier motivo, vuelva y se levanta, siga adelante. Dios está con nosotros”.

Pescadería con aroma de mujer

La oferta de pescado es variada para los clientes que se acercan a comprar.

Autor: WebMaster

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